Reunión Mas Rajoy

Frente al “push” de Artur Mas, con el que se puede estar o no de acuerdo pero creo que se ha de reconocer que lo manejó bien, el Sr. Rajoy podía haber reaccionado de múltiples maneras, desde las más inteligentes a las menos y desde la negativa clara pero razonada al acuerdo. La reacción que escogió el Sr. Rajoy es la peor de todas y la que más perjudica a ambas partes. A la manifestación más multitudinaria que se conoce en todo el continente, a una opinión a favor del Pacto Fiscal que ya está alrededor del 80 % en Catalunya, y con un independentismo que ya ha pasado la ralla del 50 % y subiendo, no se puede contestar con un no indiscutible acompañado, como única explicación, por el original de un certificado de inconstitucionalidad. Eso sería quizás suficiente para un funcionario de ventanilla con pocas luces, pero no para un cargo público algo más importante que, desgraciadamente para el país, ocupa el Sr. Rajoy. Hace días que me pregunto cómo puede soportar cualquier país del mundo, uno detrás de otro, dos Presidentes de Gobierno desastrosos seguidos. De la reunión Rajoy-Mas hay algo que me intriga. Para dar un no sin discusión posible y hacer entrega del mencionado certificado se tarda menos de 5 minutos, y si como dijo ayer Rajoy, Mas no le planteó la cuestión de la independencia en ningún momento, ¿a que dedicaron la hora y 55 minutos restante de la reunión de 2 horas?

La reacción del Sr. Rajoy había en realidad empezado el miércoles al mediodía en el Parlamento, cuando en ausencia del destinatario, el Sr. Rajoy dio una lección al Sr. Mas sobre los deberes y obligaciones del dirigente político. El mensaje hubiese sido creíble si quien lo emitía no hubiese retrasado de manera irresponsable medidas urgentes por la fecha de unas elecciones, no estuviese repitiendo de nuevo la jugada en relación con el rescate y otras elecciones cercanas, no fuese un especialista de la opacidad y de la solución de los problemas por el simple paso del tiempo, partidario de la imposición de sacrificios para solucionar los problemas entre todos y todos por igual, aunque algunos sean tratados como más iguales que otros, capaz de aplicar recortes a la ciudadanía pero olvidarse de completar la reforma de la Administración Pública y de dotarnos de instrumentos contra la corrupción, muy habituado a dar las malas noticias a través de terceros y con el método del chiste de la profesora :”A ver, que levanten la mano los que tienen madre. No Juanito, tu ya no”, responsable de que existan temas sobre los que hay tantas discrepancias como ministros abren la boca,  y que se ha dado cuenta hace solo algunas fechas que montar un gallinero sobre las CCAA perjudica a todo el país. Seguramente habla poco porque callado está más guapo. Por si faltasen pruebas de cómo está gestionando el Sr. Rajoy la situación, el Sr. Francisco González, presidente de BBVA ha tenido que pedirle que se mueva de una vez. Por si no basta, fijaros en que decían en el Financial Times el miércoles 19, el día anterior a la reunión Rajoy-Mas, en un artículo titulado, como la película, El Discurso del Rey, “A Pesar de ganar por mayoría absoluta en la elecciones del pasado Noviembre, el Sr. Rajoy y su Partido Popular, de centro-derecha, prefieren gobernar por decreto, despreciando cualquier alternativa de consenso, o incluso la necesidad de informar correctamente al público. El propio Presidente en persona habla poco, en público, en el Parlamento o ante la prensa. Inicialmente puso en vigor algunas reformas de peso, como la referida a las relaciones laborales, pero con frecuencia actúa con oportunismo, y sin ningún sentido de los tiempos correctos.”

Lo que viene a continuación es la que en mi opinión debería ser la foto oficial del Presidente Rajoy. No sale muy favorecido, pero creo que tanto la forma como el color de esta foto son reflejo preciso de su personalidad.


He leído varios comentarios, entre ellos el del profesor Joan Queralt de la U.B., en el sentido de que el concepto de constitucionalidad que aplican los partidos oligárquicos PPSOE no es en absoluto correcto. No es la Constitución la que crea y contiene la Democracia sino al revés, y por esta razón los textos constitucionales están entre los más modificados, reformados o incluso sustituidos. Siguiendo por la vía que tanto gusta a los PPSOE, se podría llegar al absurdo kafkiano de la Constitución inamovible, es decir la dictadura constitucional.

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