NI BANCO NI CENTRAL.

En la última Cumbre europea se ha tomado finalmente la decisión sobre cómo va a funcionar la supervisión que el BCE ejercerá sobre los sistemas bancarios de cada país, y una vez más el resultado es decepcionante y desconcertante. En la misma Cumbre se acabaron las esperanzas de los Sres. Monti y Rajoy de impulsar medidas de apoyo al crecimiento sin modificar las de austeridad. El resultado de esta reunión es la confirmación, por si no estaba ya claro, que la U.E. está dominada de manera total y absoluta por Frau Merkel, que en esta Cumbre se ha permitido cargarse de manera parece ser que definitiva cualquier recurso al crecimiento, contradiciendo lo que se había decidido en la Cumbre de Junio 2012, y configurando finalmente a su gusto un Banco Central Europeo que ni es banco, ni es central, aunque si debe ser europeo, pero solo por razones geográficas. Después de pasar por las manos de la Frau, ahora los europeos tenemos un banco central cuya única función que recuerda a un banco central es que concede préstamos y créditos a bancos europeos, pero que solo puede intervenir en los mercados para defender los intereses de los miembros de la U.E. en una forma que desvirtúa totalmente el objeto de tal intervención, y solo puede llevar a cabo su función de supervisión limitándola a los grandes bancos, seguramente porque de esta forma, y teniendo en cuenta que la sede del BCE está en Frankfurt, la Frau podrá aumentar su control del continente, sin que su banca mediana y pequeñas cajas y cooperativas de crédito sean molestadas.

Cada vez que hay una reunión, o que en la U.E. o la Eurozona toman una decisión, aumentan mis ganas de salir huyendo a toda velocidad hacia donde sea con tal de salir de la U.E. (Unión Estúpida).

La cabeza visible, y la que toma claramente las decisiones importantes es Frau Merkel, pero no es la única responsable. A estas alturas ya está claro que las políticas de la señora son una barbaridad, o que en el mejor de los casos constituyen la manera más dura, larga, dolorosa y sangrante de salir de la crisis, pero nadie se le enfrenta.

Por supuesto que a la señora no la entiendo, aunque por lo que he leído en un libro que comentaba la mentalidad luterana centroeuropea la cosa se podría entender pero poniendo los pelos de punta, más todavía si se tiene en cuenta que es una fanática del liberalismo salvaje, a la que solo el pensar en la intervención del Estado en la economía le da dolor de estómago.

Pero tampoco entiendo a los alemanes que votan por ella. Aparte las cuestiones ideológicas antes mencionadas, que tendrían alguna justificación porque es cierto que lo que sacó a Alemania de la miseria posterior a la II Guerra Mundial fue el liberalismo, ni ella ni los que la votan se dan cuenta que por este camino y exagerando la nota, a Alemania le puede ocurrir como al señor feudal que se defendía tan bien y con tanta saña, quemando bosques, arrasando cultivos y liquidando pueblos, que acabó solo en su castillo rodeado de un desolado desierto. De hecho el Bundesbank ha previsto que en el 2013 la recesión Merkel alcance a Alemania.

Pero a los que entiendo menos es a los señores muy importantes de la U.E., a los que están asociados con la Frau, como Finlandia, por las mismas razones que a ella corregidas y aumentadas, y a los que le dicen a todo que amen, de los que ya no entiendo nada de nada, porque aunque si es cierto que Alemania en casi todos los aspectos es el país con más peso específico de la U.E., en ningún caso justifica el control que ejerce sobre la Unión, sobre todo cuando nos obliga a practicar políticas que no solucionan sino que empeoran los problemas, y defiende únicamente sus intereses de manera casi paranoica. A veces pienso, en un ejercicio a medio camino entre el sueño erótico y la pura ciencia ficción, en la cara que pondrían la Frau, sus asociados y los señores importantes de la U.E. si algunos de los países que están con graves problemas, cada vez peores gracias a Frau & Co., mandasen conjuntamente el tablero de ajedrez y todas sus figuras a hacer puñetas y amenazasen con salir de la U.E. y declarar fallida su deuda externa. El susto sería morrocotudo, sobre todo si uno de los grandes como España o Italia, o los dos estuviesen en el grupo, y probablemente la actitud de la U.E. cambiaría por acongojamiento. Pero no hay esperanzas porque los políticos de hoy día no tienen lo que se ha de tener, y no me refiero a lo de abajo, sino a lo de arriba.

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