10 AÑOS SIN VERGÜENZA.

El pasado domingo, 26 de Mayo, se cumplieron 10 años del accidente del Yak 42, que en mi opinión es el peor ejemplo de desastrosa gestión de una Administración Pública española en cuya reforma parece que nadie está ni mínimamente interesado.  Creo que no es casualidad que dicha incalificable serie de actos se llevaran a cabo durante la segunda legislatura de José Mª Aznar.

Como que este país tiene muy mala memoria, vamos a refrescarla un poco. El escándalo del Yak 42 no es solo el de unos señores que cometieron graves errores cuando fueron a hacerse cargo de los restos de los militares accidentados, esto es lo que se juzgó (mal), condenó (de forma ridícula) y se absolvió a los pocos meses, pero hay muchísimo más, gravísimos hechos frente a los que la Justicia de este país, la civil y la militar, se inhibió y los medios de comunicación trataron muy superficialmente.

En primer lugar hubo robo por cantidades sumamente elevadas. El coste de cada vuelo estaba presupuestado en algo más de 200.000 €, pero después que los ladrones habían llevado a cabo su trabajo quedaban escasamente 60.000 € para cubrir el coste de los vuelos. Es decir, unos militares que disponían de un presupuesto que les hubiese permitido viajar de ida o vuelta a Afganistán en vuelo regular, si hubiese existido, y con servicio de primera clase, acababan viajando apretujados en aviones que volaban como las piedras.

En su día se justificaron estos robos como comisiones cobradas por intermediarios, justificación que tuvo éxito porque el tema no solo no se juzgó, es que ni tan solo se investigó lo más mínimo (quien sabe, quizás un tal Bárcenas o un tal Correa saben algo de aquel negocio). Ni el Ejercito español ni la OTAN precisan de intermediario alguno para contratar aviones de pasajeros o transporte, y en cualquier caso, si lo hiciesen, jamás deberían pagar comisiones monstruosas que ningún intermediario cargaría ni tan solo a quien quisiese alquilar y tuviese que empezar por un curso de aprendizaje sobre como subir a un avión. Como siempre, en aquella ocasión nos trataron como idiotas y el país entero tragó. ¿Será que en realidad lo somos?. Pensad además que el accidente se produjo cuando el Ejército llevaba poco más de año y medio en Afganistán y se efectuaban bastantes viajes de pasajeros y mercancías cada mes. Haced el cálculo sobre el número de vuelos mensuales que queráis y se os pondrán los pelos de punta al conocer la cifra aproximada que los ladrones se embolsaron.

También hubo algo que se podría calificar de gravísima negligencia, pero que sobrepasa esta calificación porque además demuestra tal desprecio de los altos mandos de nuestro Ejército por sus subordinados que permite dudar de si tomaban decisiones pensando en ellos como seres humanos. Prácticamente desde el primer viaje con aviones de saldo se produjeron varias quejas en cada vuelo. Cuando en mayo de 2003 se produce el accidente este ya había sido anunciado por miles de quejas sobre el pésimo estado de los aviones y el elevado riesgo de los vuelos. Los Altos Mandos militares, y el Sr. Ministro del Ejercito Federico Trillo, no tan solo no hicieron absolutamente caso alguno de los miles de quejas, sino que informaciones no confirmadas por el Ejercito hablaban de que el ministerio ni tan solo dio una sola respuesta tomando razón de las quejas, y de  sanciones y arrestos a algunos de los militares que se habían quejado de manera considerada excesiva por los mismos mandos a los que les daban igual los riesgos inútiles y evitables que hacían correr a sus hombres.

En este caso, como en el del robo, tampoco actuó la Justicia, y ni tan solo hubo la más mínima investigación porque el Ministerio del Ejército negó que se hubiesen producido quejas, a pesar de las muchas manifestaciones y evidencias aportadas por compañeros y familiares de los militares muertos.  Cabe pensar que si alguien es lo suficientemente deshonesto como para estar haciendo un gran negocio con vuelos en aviones de desguace, es probable que no demuestre mucho interés en rebajar lo más mínimo sus beneficios para evitar riesgos y mejorar la seguridad de los aviones.

El antepenúltimo acto de esta tragedia es el más conocido: se produce el accidente, Federico Trillo y varios altos mandos del Ejercito se desplazan a Turquía para supervisar la recuperación y repatriación de los cuerpos de las victimas de su inmoralidad y negligencia, y ni tan solo esto fueron capaces de hacer bien porque al llegar los féretros a España se descubrió que se habían mezclados los restos y algunos ni tan solo eran identificables como miembros del pasaje del avión siniestrado.

El penúltimo acto fue la burla del juicio, en el que solo se tomo en consideración el error en la recuperación de las víctimas, tema que se trató muy superficialmente, en que se acusó solo a mandos militares pero ni se mencionó al Sr. ministro, que acabó con una condena ridícula, por supuesto solo referida a los altos mandos militares que le llevaban la cartera al ministro Trillo en su viaje a Turquía, y para completar esta chirigota con apariencia de juicio, encima fueron indultados unos meses después de la condena. Curiosamente la Justicia Militar, tan dura y expeditiva, que en este país, en especial en la época pre-democrática, ha invadido con frecuencia la jurisdicción civil, en el caso del Yak 42 calló como una tumba, precisamente en el accidente que hasta hoy supone el mayor aporte de bajas militares de la guerra de Afganistán y de la historia reciente de nuestro Ejercito.

El juicio constituyó una soberana burla a todo el país, en especial a los familiares y compañeros de los militares muertos en el accidente. Entre otras demostraciones del más puro cachondeo hispánico, el principal responsable a lo largo de toda la tragedia, el ministro Federico Trillo, no fue ni tan solo llamado a declarar, es decir, no solo no se sentó en el banquillo de los acusados, que era su sitio y en lugar preferente, ni tan solo se sentó como testigo a pesar de que fue el que mejor lo vivió todo porque fue el que supervisó toda la operación. Siempre he pensado que si alguien duda de que Federico Trillo ha sido el gran manipulador y controlador del Poder Judicial por cuenta del PP, no será por falta de evidencia, porque él mismo se encargó de demostrarlo cuando le tocó hacerlo en su propio interés.

El último acto de esta tragedia inmoral e ignominiosa todavía continua con el trato que las autoridades de todo tipo de este país, civiles, militares, judiciales, etc.,  han dado y están dando a los familiares de las víctimas, a los que tratan como verdaderos parias malolientes y molestos, a los que todavía no han pagado ni un céntimo de las ridículas indemnizaciones que les asignó el juez de la chirigota, y no les escuchan cuando piden verdadera Justicia en vez de la pedorreta que les han dado en su lugar. Los familiares de las victimas ahora hablan de dirigirse a la Justicia europea. Yo de ellos iría directamente a la ONU a denunciar un país aparentemente democrático pero que funciona como la república del coronel Tapioca, o peor, porque Tintín era muy serio.

De todos los aspectos de este desastre, lo que siempre me ha dejado perplejo porque no entiendo nada de nada es la tibia reacción de los medios de comunicación y los partidos políticos ante tanta barbaridad. Lo único que levantó un poco de polvareda fue la cuestión de la mezcla de restos humanos, pero las graves cuestiones de los robos y los oídos sordos a las quejas recibieron muy pocos rapapolvos, y por supuesto, ni un solo partido político planteó investigaciones y comparecencias serias en relación con el asunto. Todo esto en un escándalo de tal magnitud, y en el que se cometieron todas las fechorías posibles, que en cualquier país de los que funcionan mínimamente habría provocado sin duda una grave crisis de gobierno y probablemente elecciones anticipadas, todo y con un partido gobernando con mayoría absoluta. En fin, en Alemania los ministros dimiten por haber plagiado su tesis doctoral, mientras en España el principal responsable de este monstruoso caso de ineficacia, irresponsabilidad y deshonestidad completó su mandato sin problemas, al juez no lo vio ni andando por la calle y como colofón le premiaron con la embajada en Londres. Al final resulta lógico que hayamos acabado obedeciendo órdenes de los alemanes. Han sido10 años de NULA vergüenza,… que sigue sin aparecer por ningún lado.

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