CHURCHILL Y EL ISLAM.

Mi amigo galés, que como yo vivió unos años en Oriente Medio y conoce el tema, hace unos días me mandó el texto de un escrito de Sir Winston Churchill, nada menos que de 1899, sobre el Islam, que ha sido incluido en un libro publicado recientemente en el Reino Unido. Os lo reproduzco a continuación, junto con su traducción.

A pesar de que algunos historiadores españoles achacan a Winston Churchil buena parte de la responsabilidad del porque los aliados no acabaron con el único régimen fascista que quedó después de la II Guerra Mundial, el franquista, siempre he admirado el personaje, y este texto es una prueba de ello, porque todo lo que menciona es hoy evidente, pero en 1899 no lo era tanto, y no olvidemos que Sir Winston Churchill fue de los pocos, y el único de los grandes líderes, que incluso antes de que finalizase la II Guerra Mundial ya preveía que el siguiente conflicto sería con el bloque comunista, es decir, olfato para predecir los movimientos políticos a futuro no le faltaba.

Pido excusas por la traducción, pero traducir un texto de cierto nivel intelectual de 1899 es bastante más difícil que hacer que un chiste de mi amigo galés tenga sentido en castellano, y aprovecho la ocasión para recomendaros que al leer el texto tengáis también en cuenta el gap temporal y cultural entre su época y la nuestra.

Sir Winston Churchill 1899

¡Terribles son las maldiciones que los mahometanos cargan sobre sus devotos!. Al fanatismo exacerbado, que es tan peligroso en un hombre como la hidrofobia en un perro, se le une su temible desinterés fatalista. Sus efectos son evidentes en muchos países, hábitos imprudentes, agricultura descuidada e ineficaz, métodos farragosos de comercio, e inseguridad en la propiedad privada existen allí donde los seguidores del profeta reinan o viven.

Una sensibilidad degradada elimina de sus vidas toda armonía y refinamiento seguido de su dignidad y bondad. El hecho de que en la Ley mahometana toda mujer debe pertenecer a algún hombre como su propiedad absoluta sea como hija, esposa o concubina, retrasa el fin de la esclavitud hasta que la fe del Islam desaparezca como forma de poder entre los hombres.

Individualmente los musulmanes pueden poseer esplendidas cualidades, pero la influencia de su religión paraliza su desarrollo social en aquellos que la profesan. No hay mayor fuerza retrograda en el mundo. Lejos de estar moribundo, el Islam es una creencia militante y proselitista. Ya se ha extendido a través de Africa Central, generando guerreros agresivos y sin miedo a cada paso, y si no fuese porque la Cristiandad está protegida por los fuertes brazos de la Ciencia, Ciencia contra la que había luchado en vano, la civilización de la Europa moderna podría caer, como cayó la civilización de la antigua Roma…

Sir Winston Churchill; (Fuente: The River War, primera edición, Vol. II,

páginas 248-250, Londres)

Sir Winston Churchill 1899

How dreadful are the curses which Mohammedanism lays on its votaries!

Besides the fanatical frenzy, which is as dangerous in a man as

hydrophobia in a dog, there is this fearful fatalistic apathy.  The

effects are apparent in many countries, improvident habits, slovenly

systems of agriculture, sluggish methods of commerce, and insecurity of

property exist wherever the followers of the Prophet rule or live.

A degraded sensualism deprives this life of its grace and refinement,

the next of its dignity and sanctity.  The fact that in Mohammedan law

every woman must belong to some man as his absolute property, either as

a child, a wife, or a concubine, must delay the final extinction of

slavery until the faith of Islam has ceased to be a great power among

men.

Individual Muslims may show splendid qualities, but the influence of

the religion paralyses the social development of those who follow it.

No stronger retrograde force exists in the world.  Far from being

moribund, Mohammedanism is a militant and proselytizing faith.  It has

already spread throughout Central Africa, raising fearless warriors at

every step; and were it not that Christianity is sheltered in the

strong arms of science, the science against which it had vainly

struggled, the civilization of modern Europe might fall, as fell the

civilization of ancient Rome …

Sir Winston Churchill; (Source: The River War, first edition, Vol II,

pages 248-250 London)

 

 

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