¡DIOS MIO! ¡QUE SUSTO!.

Si soy totalmente partidario de la independencia de Catalunya es porque sería una forma eficaz de liberarnos del yugo de la U.E. al ser expulsados del “Paraíso”.

Las razones por las que daría lo que fuese por poder estar fuera de la Unión Estúpida las he dado muchas veces. Quiero ser ciudadano de un país como Turquía, Suiza o Noruega, o incluso como Islandia que gracias a que no forma parte del rebaño controlado por Bruselas pudo solucionar su gravísima crisis bancaria sin cargarla a los bolsillos de sus ciudadanos. No quiero padecer las burradas de un montón de locos e inútiles que desde Bruselas extienden el absurdo a todos los niveles por el continente europeo, liderados por una ex funcionaria comunista llamada Merkel, que encima al querer usar a la U.E. en sus planes de expansión de Alemania hacia el Este ha llenado nuestras ciudades de gitanos rumanos y eficaces mafias búlgaras que no pueden ser devueltos a su país y ha provocado el creciente problema de Ucrania. Y mi única esperanza de conseguir ese objetivo pasa por la independencia de Catalunya.

Cuando estaba yo tan feliz esperando los acontecimientos que nos expulsen de la locura europea, el lunes 14 el Sr. Carles Viver i Pi-Sunyer, Presidente y portavoz del  Consell Assesor per a la Transició Nacional creado por Artur Mas, va y dice que no seríamos expulsado, y mis esperanzas se rompen, se hunden y mueren.

Afortunadamente no habían pasado ni 24 horas cuando el portavoz de la Unión Estúpida dejó bien claro que una Catalunya independiente sería considerada un tercer país y debería iniciar el trámite para reingresar, lo que es lo mismo que decir que estaríamos vacunados contra la enfermedad, porque el reingreso sería imposible por el veto español.

Además, por si mi alegría fuese escasa, la misma forma en que ha reaccionado la Comisión Europea demuestra y refuerza las razones por las que quiero verme fuera de tal manicomio, porque resulta que el Sr. Carles Viver i Pi-Sunyer y el Consell Assesor tienen toda la razón en que no hay legislación o tratado alguno que se refiera al caso de sedición y separación de un territorio perteneciente a un país de la U.E., y también hay multitud de juristas de varias nacionalidades que tanto en el caso de Escocia como en el de Catalunya han planteado el caso de los millones de personas de ambas nacionalidades que tienen pasaporte comunitario, son ciudadanos de la U.E., y en caso de expulsión masiva podrían causarle un tremendo dolor de cabeza a la U.E.

La reacción ha sido la clásica, tradicional y estándar de los organismos comunitarios, para los que no hay normas ni leyes ni sentido común, sino fuerza y poder político, y el que tiene más es el vencedor, aunque el resultado sea (casi) siempre un tremendo absurdo.

¡¡Por favor!!, ¡¡Déjenme salir!!.

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