VAYA DOS SEÑORAS.

Dos señoras dedicadas a la política han abierto la boca más de la cuenta esta semana: Magdalena Alvarez  y Rosa Diez, una de izquierdas y otra de derechas, aunque después de haber pasado por varias ideologías y opiniones variables antes de montar su propio chiringuito.

Rosa Diez ha patinado, dejando claro que su defensa de la transparencia y contra la corrupción es una simple pose. En el Parlamento Europeo se ha destapado el caso de un fondo de pensiones para eurodiputados, domiciliado en Luxemburgo, totalmente legal, pero que funciona como SICAV (fondos casi exentos de impuestos con acceso reservado a fortunas capaces de aportaciones mínimas muy elevadas), al que están asociados muchos eurodiputados, con importante participación de eurodiputados españoles, y al que hasta 2010 el Parlamento Europeo aportaba un Euro por cada dos que aportaba el Eurodiputado partícipe del fondo.

Al enterarse de que se trataba de una SICAV el eurodiputado Willy Meyer de IU, participe del fondo, ha presentado la dimisión porque tanto él como su partido son contrarios a las SICAV y han pedido repetidamente su supresión. Si realmente desconocía que se trataba de una SICAV, es de agradecer que quede algún político en España que sus acciones sean congruentes con lo que dice pensar. También se ha planteado una cierta discusión sobre la obligación de declarar al fisco dicha participación en el fondo, y aunque muchos de los socios del fondo no han querido aclarar si lo hicieron y se han reservado su opinión, dos políticos han dado opiniones opuestas. El Sr. Montoro, actual Ministro de Hacienda y ex eurodiputado, opina que existía dicha obligación y en su día actuó en consecuencia declarando al fisco su participación en el fondo, pero Rosa Diez, también ex eurodiputada por el PSOE discrepa y ha actuado de la peculiar forma que en ella es habitual.

Según Rosa Diez no hay discusión ya que no había obligación alguna de declarar la participación en el fondo porque solo se declaran las rentas y la simple aportación no le producirá ingreso o renta alguna hasta su jubilación. Pero resulta que, en primer lugar, si el Parlamento Europeo aportaba un Euro al fondo por cada dos que aportaba ella, ese Euro parlamentario era un ingreso extraordinario para Rosa Diez que debía haberlo declarado y liquidado impuestos si era el caso, en segundo lugar, en la declaración de renta se han de incluir los saldos de los depósitos bancarios, bonos, fondos de inversión y de pensiones, etc. aunque no obtengan remuneración alguna lo que supone obligación de declarar el saldo del famoso fondo parlamentario, y en tercer lugar, cuando Rosa Diez hacia sus aportaciones al fondo, el Impuesto sobre el Patrimonio estaba plenamente vigente y requería declaración del susodicho fondo. Es decir, la Sra. Diez tiene razón, porque no había una razón por la que tenía la obligación de declarar el fondo, habían tres claras razones.

Por si hubiese alguna duda sobre la obligatoria declaración de la aportación del Parlamento Europeo al que se refiere la primera razón, según varios periódicos Rosa Diez ha confirmado alto y muy claro que por cada dos euros que ingresaba el diputado en ese fondo, la Eurocámara ponía uno, y que puede entender que el ciudadano critique tener que pagar de su bolsillo un tercio de ese dinero. “Dirán que bastante cobran ya” dijo. Aplicando su método para estos casos, que consiste siempre en huir hacia adelante, Rosa Diez ha pedido explicaciones a no se sabe quien en el Parlamento Europeo sobre dicho fondo, exigiendo que se hagan públicas las irregularidades (inexistentes) en su gestión, aparte su cancelación (no se sabe porqué) y la apertura de otro fondo sobre bases transparentes y correctas (que puede ser otra SICAV porque no es este el problema). La señora sigue sin haber cumplido con su obligación fiscal en su día, pero sigue con su pose, manteniendo su aparente lucha, en batallas de las que conoce de antemano su esterilidad, contra todo aquello que cree que, aunque inútil, le va a dar votos, y algunos se los dan.

Magdalena Alvarez, imputada en el caso de los ERE de Andalucía ha presentado su dimisión como vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones, y al hacerlo ha acusado al gobierno Rajoy de haberla presionado hasta obligarla a dimitir porque quieren el puesto para algún amiguete de su partido.

Cuando en el 2009 Magdalena Alvarez cesó como Ministra de Fomento para ser diputada al Parlamento Europeo de donde salió el 2010 para ocupar una vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones pensé que España funciona muy mal, pero que Europa no funciona mejor, e incluso puede funcionar peor. Es totalmente incomprensible que a alguien se le ocurra nombrar para un cargo de muy alto nivel en un banco que opera como soporte financiero de las infraestructuras y otras inversiones consideradas prioritarias por la U.E. a alguien que había dejado un rastro de desastres en su gestión ministerial en España, relacionada precisamente con las infraestructuras y que al pretender justificar su pésima gestión había provocado la chirigota del Parlamento español en más de una ocasión con frases como “Hay determinadas cuestiones, que aún conociéndolas, no las conozco” o “Es que el aeropuerto de Barajas ‘e´mu’ grande” en comparecencias sobre la desastrosa situación de Barajas, y que para empeorar todavía más las cosas, como Ministra era partidaria e impulsora del absurdo sistema radial de la red del AVE, y opuesta al Corredor Mediterráneo, es decir, defendía unos criterios de decisión de infraestructuras diametralmente opuestos a los que aplican los técnicos de la U.E.

Por lo que parece por las razones de su imputación en el caso de los ERE de Andalucía, aunque el nivel de corrupción y de cachondeo público del caso es máximo, no creo que Magdalena Alvarez tuviese una implicación directa con los chorizos que se llenaron los bolsillos, pero recordando la manera que tenía la Sra. de gestionar sus asuntos ministeriales, si creo que su negligencia como Consejera de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía debió probablemente facilitarles las cosas a los chorizos, y, al menos en los países que funcionan, las responsabilidades por negligencia también son exigibles, y los imputados honestos, si han sido negligentes, no tardan un año en dimitir, y cuando lo hacen no culpan de su situación a otros de su misma ralea.

Aunque mi tendencia política no coincide mucho con la de Willy Meyer, ojala en el futuro la mayor parte de nuestros políticos tengan su honestidad y actúen con su coherencia, y ojala también desaparezcan la mayor parte de los muchos políticos/as que actúan habitualmente como las dos protagonistas de esta nota.

 

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