TURISMO Y TRABUCOS.

Para empezar tengo que decir que estoy muy deprimido. Después de la visita de Angela Merkel a Galicia y de la enorme sintonía demostrada entre ella y Rajoy, la química existente entre ellos, la intensidad y dulzura con que se miran a los ojos y lo mucho que se apoyan y gustan el uno al otro, estaba convencido de que Frau Merkel se llevaría a Rajoy a Berlín, y ya no lo veríamos durante mucho tiempo porque no nos lo devolvería hasta que se cansase de él, y como la Frau es tozuda de cuidado le tomaría mucho tiempo devolverlo. Esperaba que después de lo mucho que nos han perjudicado sus medidas, nos compensaría haciéndonos este gran favor, pero ni eso.

La protesta de los vecinos de la Barceloneta, que se está extendiendo a otros barrios del litoral barcelonés, contra el turismo incívico, está plenamente justificada y los que nos deberíamos estar manifestando no son solo los vecinos de la Barceloneta sino los de todo Barcelona y no solo por el turismo incívico.

Aprovechando la protesta las viejas histéricas que quieren liberar a Barcelona de las garras del turismo se han puesto a gritar como poseídas, pero está más que claro que el turismo no tiene nada que ver con el problema, que en realidad es una bendición para Barcelona y una de sus principales fuentes de ingresos. El problema lo ha causado la típica, ancestral, tradicional, antigua, clásica, atávica, proverbial, legendaria y habitual desastrosa gestión de los altos funcionarios municipales barceloneses. Si se cerrasen a cal y canto todos los edificios del Ayuntamiento de Barcelona, se quemasen todos sus archivos, salvando solo los históricos, y se mandase a todo el mundo a su casa la ciudad funcionaría mucho mejor. En mi opinión solo se debería salvar de la quema a Sonia Recasens, concejal encargada de las finanzas y administración del excelentísimo Ayuntamiento, responsable de la buena situación financiera del Consistorio barcelonés y que ojalá algún día llegue a Alcalde porque no parece haber nadie más capaz de solucionar el problema, que no es otro que el mismo concepto de gestión burrócrata de la Casa Grande de Barcelona.

Cuando hacia la carrera, allí por los primeros años sesenta, un grupo de estudiantes pasamos varios días recopilando datos para un trabajo en la sección de estadística del Ayuntamiento de Barcelona que entonces se encontraba en la plaza Pi i Sunyer al final del Portal del Angel, y todos acabamos el trabajo sorprendidos y casi en estado de shock ante lo poquísimo que se trabajaba en todo el edificio y el desmadre organizativo que imperaba. Puede que desde entonces hayan mejorado un poco, pero no lo suficiente.

Los mismos vecinos de la Barceloneta han informado que llevan quejándose al Ayuntamiento al menos desde el año 2010, y solo cuando han salido a la calle y han montado el lio les han hecho caso y han empezado a controlar el asunto de los apartamentos turísticos y el incivismo. Lo que no se sabe es cuánto tardará en regresar la normal ineficacia municipal a la Barceloneta.

Para constatar que lo único que interesa al Ayuntamiento de lo que ocurre en la calle son las multas fáciles de poner y fáciles de cobrar, solo tenéis que recordar las ocasiones en que habéis llamado a la Guardia Urbana o al mismo Ayuntamiento para avisar de un problema, incidente o accidente y si no os han mandado a paseo directamente os habrán dicho que ellos no pueden hacer nada al respecto.

En el edificio donde vivo se alquiló hace unos años un piso como apartamento turístico y durante poco tiempo tuvimos todo tipo de ruidos y juergas, pero de golpe se acabó y no ha vuelto a suceder, por supuesto no gracias a la intervención del Ayuntamiento o la Guardia Urbana que nos dijeron el ya clásico “no podemos hacer nada”, sino que siempre me he quedado con la sensación de que Enric, que lleva años como presidente fijo de nuestra comunidad de vecinos, y que es muy expeditivo, le dijo al propietario del piso que o lo solucionaba o le rompía la cara, método inaceptable pero que en este país con frecuencia es el único que funciona.

La ineficacia del Ayuntamiento es tanta que las pocas veces que actúan también causan destrozos. En Gracia, donde vivo, en los últimos años han cerrado o se han trasladado tres establecimientos que me gustaban mucho, dos relacionados con la restauración, uno que cocinaba al mayor para restaurantes y que también vendía platos cocinados a sus vecinos, una casa especializada en productos, repostería y cocina portuguesa y un mini supermercado de productos dietéticos. Los tres funcionaban muy bien, daban muy buen servicio y vendían productos de calidad a un precio más que razonable, y a pesar de que para poder abrir ya habían tenido que pasar por el interminable calvario de obtener la licencia municipal de apertura, en una inspección les multaron y exigieron  hacer reformas cuyo coste les obligó a cerrar. Antes de echar el cierre los tres me explicaron lo que pretendían los inspectores y os puedo asegurar que en los tres casos se trataba de inmensas chorradas, pero que les obligaban a hacer verdaderas barbaridades, como cambiar todo el techo de la tienda en uno de los casos. Os aseguro que todos los clientes de los tres negocios pensamos que ese día los inspectores hubiese sido mucho mejor que se hubiesen ido a inspeccionar el infierno.

Cuando me paseaba por Beirut, los mismos beirutíes decían que para definir la ciudad se podía escoger entre un caos organizado o una organización caótica. Creo que el mismo comentario es hoy aplicable a Barcelona, con o sin turismo.

Mientras los vecinos de la Barceloneta se manifestaban, en Cárdedeu el concejal del PP Jaime Gelada estaba cometiendo la inmensa estupidez de denunciar ante la policía y el juzgado un simulacro de fusilamiento por parte de los trabucaires. Es probable, incluso muy probable, que los trabucaires se pasasen más tiempo del normal delante de casa del tipo porque sabían quién era, pero calificar el hecho de simulacro de fusilamiento es de una estupidez profunda. En Catalunya son bien conocidas las evoluciones y los disparos que ejecutan los trabucaires en cada parada de su actuación, y algunas fotos que han salido publicadas en las redes sociales demuestran que no hicieron nada más que lo que es normal, quizás durante más tiempo por tratarse de quien se trataba, pero las denuncias del “fusilado” y la tremenda campaña que han montado sobre el hecho la caverna mediática, en especial La Razón y el maldito canal de la maldita Conferencia Episcopal, que rema al revés que el Papa Francisco exacerbando los ánimos, insultando y difamando en vez de poner paz, son una demostración de obsesión enferma que requiere tratamiento psiquiátrico. Yo vivo en Gracia y delante de mi casa está la plaza Trilla donde dos veces al año y con ocasión de fiestas del barrio, los trabucaires hacen una de sus paradas de la cabalgata, con un ruido ensordecedor que hace vibrar los cristales, lo que significa que en los catorce años que llevo viviendo en el mismo lugar podía haber presentado veintiocho denuncias idénticas a la del tonto Gelada. Si en vez de hacer el burro el tipo hubiese agradecido a los trabucaires el haberse asegurado de que lo despertaban un día que se le habían pegado las sabanas habría demostrado inteligencia y sentido del humor, aunque con el PP eso es pedir peras al olmo, porque las únicas respuestas que saben practicar son a porrazos. Algún día alguien debería hacer el cálculo del número de independentistas que han fabricado y de lo muchísimo que han empeorado el problema catalán las continuas estupideces del PP y de la caverna mediática con un cálculo especial para el maldito canal de la maldita Conferencia Episcopal. No voy a dar detalles de quien lo soltó por no estar seguro de quien fue porque se oyó de fondo, y el comentario es demasiado bestia para aventurar autores, pero el martes 27 a eso de las 10.40 de la noche en un debate del maldito Canal 13 oí perfectamente como una voz femenina decía “imaginaros la de veces que los disparos deben haber sido en serio”. Sin comentarios, y a poder ser sin obispos en los medios de comunicación, el menos sin estos obispos descendientes directos del inquisidor Torquemada.

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