BATACAZO EN LAS PISTAS.

El equipo español de tenis ha caído del Grupo Mundial de la Copa Davis al Grupo I, algo así como bajar a la segunda división del tenis mundial. No nos ha servido de nada ni nuestra brillante historia tenística, ni el hecho que España es uno de los países que más veces ha ganado la Copa Davis (sexto país clasificado con seis ensaladeras), ni tan solo la evidente calidad de nuestros jugadores, porque me temo que la responsabilidad del fracaso es nuestra, y solo nuestra.

Hace tiempo que tengo la impresión de que la Federación de Tenis hace agua por algún sitio. Este país siempre ha tenido muy mala memoria. Ni siquiera los periodistas, con los medios de que disponen hoy en día, son capaces, la mayor parte de las veces, de analizar los problemas con una cierta perspectiva temporal, incluyendo los datos de hechos ocurridos en el pasado más o menos reciente, pero que son reveladores de que algo ocurría y/o de algo que está ocurriendo en la actualidad.

Estos días todo el mundo está preocupadísimo porque se ha nombrado a Gala León, ex tenista y fémina como capitana del equipo español de Copa Davis, pero nadie se acuerda de lo que ocurrió hace solo un año justo. Si Gala León es la capitana que necesita el equipo lo veremos de aquí un año en función de los resultados del equipo, y no vale la pena preocuparse más por el asunto, porque sea la adecuada o no, que un cargo público rectifique en este país parece estar prohibido.

En el 2012 y 2013 Alex Corretja se encargó de capitanear el equipo de Copa Davis sin resultados positivos en cuanto a trofeos, aunque consiguió llegar a la final en 2012 que perdió frente a la Republica Checa en Praga. El contrato de Alex Corretja se acababa al final de la temporada 2013 en que tuvimos que jugar y ganamos el play-off  para la permanencia en el Grupo Mundial frente a Ucrania, pero a medida que se acercaba la eliminatoria fueron creciendo los rumores de falta de entendimiento entre los jugadores y Corretja, y al jugarse los partidos del playoff en la Caja Mágica de Madrid, justo al finalizar el partido de dobles que suponía la victoria frente a Ucrania, mientras Corretja lo celebraba en la pista con Marc Lopez, su pareja Rafa Nadal se subia a las gradas hasta donde estaba Carles Moya para abrazarle y después ir directo al vestuario. Después continuaron los rumores con la supuesta, y parece que cierta, ausencia de Rafa Nadal en la cena de celebración del final de la Copa Davis, y a los pocos días se confirmó que Carles Moya pasaba a ocupar el puesto de Corretja a pesar de que este había expresado sus deseos de continuar. Afortunadamente Corretja se tomó las cosas bien, se fue sin hacer demasiado ruido y se limitó a pedir que le explicasen las razones, cosa que nadie hizo. Algunos de los rumores que corrían aquellos días eran casi risibles, entre ellos que la razón era el independentismo de Corretja, que aparte un absurdo, no parece ser en absoluto el caso.

No me atrevería a cargar a nadie, ni Corretja, ni Rafa Nadal ni Carles Moya el desmadre del año pasado y el batacazo de este, pero si hay un claro responsable de todo, desbarajuste y fracaso: el Presidente de la RFET José Luis Escañuela, que es quien está al frente del desaguisado.

Hay otras cosas que me preocupan en relación con el tenis. Si España alcanzó un puesto relevante en el ranking de la Copa Davis, y del tenis en general fue gracias a las excelentes escuelas de tenis, que aunque manejadas por clubes como el Tenis Barcelona o el Tenis La Salud de Barcelona, eran supervisadas y subvencionadas en parte por la RFET, y proporcionaban un flujo más o menos continuo de excelentes jugadores. Me temo que este esquema ha pasado a la historia, en especial desde que ya en el 2010 y antes de que se iniciasen los recortes en todo tipo de subvenciones, la RFET ya entonces informó que la mayor parte de su presupuesto se iba en la organización del Open WTA de Madrid. No me estoy refiriendo al típico y absurdo conflicto Barcelona-Madrid, las escuelas que estaban y están en Barcelona podían instalarse en cualquier otro lugar. El desastroso cambio de orientación es de un sistema basado en el esfuerzo y el trabajo cotidiano, a otro consistente en un gran show anual que aporta beneficios comerciales pero no deportivos, y cuyos efectos estamos empezando a notar.

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