LOCURA CONTRA LOCURA.

Leyendo las atrocidades del Estado Islámico me acordé de un método de lucha contra islamistas y/o yihadistas que me explicaron en Siria en los años 70, que ponía en práctica Hafez el Assad, el padre del actual dictador, y que es una solemne barbaridad, pero quién sabe si sería útil para luchar contra una barbaridad mucho mayor.

Los islamistas radicales creen que si mueren defendiendo al Islam o combatiendo por su causa, sea como sea su muerte, en combate, por accidente o enfermedad, en prisión o de cualquier otra forma, van directos al paraíso y además creo recordar que entran en él por la séptima puerta que es la reservada a los grandes hombres del Islam. Esta es la causa principal de su ferocidad y de la potencia de sus ejércitos, porque les da igual morir y adoptan métodos de combate suicidas, pero tremendamente eficaces. Esta creencia es también la causa de la elevada peligrosidad del terrorismo islámico, porque no necesitan vía de escape después del atentado.

En el consejo de administración de la fábrica de tractores de Motor Ibérica en Alepo había un general del ejército sirio. Como ocurría entonces con muchos sirios de cierta edad solo chapurreaba el inglés pero hablaba un francés bastante bueno. Charlando con él me contó bastantes cosas, como por ejemplo, que los muchos tanques árabes que los israelitas capturaban intactos en cada guerra habían sido abandonados por sus tripulaciones porque la desastrosa logística árabe les dejaba sin combustible a media batalla.

Una de las cosas que me explicó fue un método que la policía secreta de Hafez el Assad usaba para combatir los islamistas radicales, en aquel entonces formados en su casi totalidad por Hermanos Musulmanes, que son el embrión de todos los grupos musulmanes extremistas. Si pillaban a un grupo de ellos ejecutando o planeando alguna acción terrorista, seleccionaban al que daba la sensación de ser el menos importante y de poseer menos información sobre el grupo y sus actividades y lo ejecutaban delante de los demás, pero no lo ejecutaban sin más. Antes le hacían beber Arak, un anisete muy popular en Líbano y Siria de muy alta graduación alcohólica, que normalmente se bebe muy diluido en agua, pero al condenado se lo enchufaban directo de la botella hasta emborracharle, cosa que ocurría con bastante rapidez, y a continuación, y sin perder tiempo, le disparaban un tiro a la cabeza, todo delante de los demás detenidos. La desesperación del condenado era de tal calibre que según el general habían llegado a doblar los eslabones de las cadenas que los mantenían atados, porque al morir de aquella forma su entrada en el paraíso, habiendo bebido alcohol y borracho, era imposible y se malograba el objeto básico de su vida. Los otros detenidos con frecuencia acababan también ejecutados pero antes hablaban por los codos para intentar evitar el mismo tipo de muerte, y siempre soltaban a alguno de ellos para que explicase a los otros Hermanos Musulmanes como las gastaban. El general también me contó que los rusos estaban desarrollando un tipo de munición que aparte cumplir con la función normal perforadora de las balas, inyectaba alcohol en la sangre, que aunque sea en proporción ínfima tampoco permite la entrada en el paraíso. Lo de la forma de interrogar y ejecutar islamistas me lo creí porque los servicios secretos sirios o de cualquier país árabe son capaces de esto y de mucho más, pero lo de la bala anti Islam no me lo creí demasiado, pero de todas formas creo que la idea básica podría ser útil, porque para parar a los salvajes soldados del Estado Islámico harán falta ideas de este estilo, que se basen en las pocas y únicas cosas que provocan el pánico de los fanáticos, porque por los métodos convencionales y usuales de combate no los van a detener. Creo que ya deben ser cientos las ocasiones en que he dicho que los aviones de combate y los tanques no nos van a servir de mucho para enfrentarnos al fanatismo islámico, y además, y sobre todo, que no debemos practicar una de la mayores estupideces inventadas en el siglo XX: la corrección política, y tener muy claro que si para acabar con ellos nos hemos de olvidar, momentáneamente y solo en cuanto a la lucha contra el Islam radical, de nuestros principios básicos, no debemos dudar en hacerlo, porque en caso contrario vamos a perder dichos principios de todas formas, porque para el fanatismo islámico no hay libertad, ni democracia, ni derechos humanos, ni igualdad de sexos, ni nada de lo que es importante para nosotros. Para ellos solo hay Corán, un código ético diseñado para asegurar la supervivencia de la sociedad en Oriente Medio en los primeros años de la Edad Media.

Mis esperanzas de que finalmente los países occidentales apliquen al fanatismo árabe la inteligencia, imaginación y el coraje necesarios para liberarnos del riesgo de que un día nos esclavicen son más bien escasas. Por el contrario, continuamente demuestran que los que toman las decisiones, o no se enteran o son tontos perdidos. Todavía a nadie se le ha ocurrido llevar a cabo una limpieza a fondo de todos los focos de fanatismo islámico de Europa expulsando a todos los radicales que no tengan la nacionalidad y poniendo bajo la lupa a los que disponen de pasaporte europeo, limpieza contra la que muchos buenistas e incluso periodistas pondrían el grito en el cielo, pero que estoy seguro que una mayoría de ciudadanos aplaudiría. Y solo hace unos días que la OTAN está presionando a Turquía para que tome medidas en vez de estar sentados en la frontera viendo como el Estado Islámico ocupa Kovane, ciudad kurda situada sobre la raya fronteriza entre Turquía y Siria, sin darse cuenta que la Turquía del que hasta hace poco más de un año para los periodistas europeos era el “moderado” Erdogan, puede que sea miembro de la OTAN, pero por encima de ello es cómplice y yo me atrevería a calificar de aliado, del Estado Islámico y ya le va bien que los fanáticos ocupen Kovane porque eso hará más fácil la ayuda que el “moderado” Erdogan presta a los terroristas islámicos, razón por la que no solo no mueven un dedo para impedir la caída de Kovane, sino que impiden por la fuerza, con muertos y heridos que los kurdos turcos o refugiados en Turquía ayuden a los defensores de la ciudad, y mientras tanto, la OTAN mirándoselo.

Ahora sería quizás el momento de recordar las inmensas imbecilidades que se dijeron en la prensa europea en Julio-Junio de 2010 con motivo de la famosa flotilla que se dirigía a Gaza y fue interceptada de manera violenta por la marina israelí. En aquellas fechas Erdogan no solo era el “moderado”, además era el héroe de todos los buenistas de Europa porque había aportado el buque, el puerto de partida y la financiación para llevar un cargamento de alimentos y medicinas a Gaza por mar, a pesar que los israelitas autorizaban todos los suministros de aquel tipo a Gaza por tierra. Los israelitas cayeron en la trampa y usaron la violencia, pero también cayeron en la trampa los que apoyaron la idea porque ahora resulta que uno de los líderes del Estado Islámico, Al Harati, es uno de los que lideraron también la famosa flotilla. Recuerdo en especial una carta que todavía guardo como ejemplo antológico de la hipocresía buenista; la publicaron todos los periódicos del país, firmada en Valencia el 4 de Junio de 2010 por Cristina Soler Crespo, madre de uno de los miembros de la flotilla que fue retenido varios días por los israelitas, dirigida al embajador de Israel en España informándole que quienes eran los muy buenos y quienes los muy, muy malos.

Aunque puestos a hacer preguntas, también cabe preguntarse donde están los muchos que se manifiestan a favor de Palestina, y en especial de Gaza, cuando cuatro kurdos residentes en España se manifiestan en contra del genocidio que con su gente está practicando el Estado Islámico, o cuando se anuncia que el también genocidio montado contra los cristianos en la mayoría de países musulmanes ya ha desterrado o asesinado a más de diez millones.

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