VIOLENCIA USA.

En pocas semanas se han producido una serie de graves ejemplos de lo fácil que les resulta a demasiados norteamericanos el recurso a la violencia extrema.

Aunque en mi opinión el balance es bastante positivo, los USA tienen cosas maravillosas, otras fantásticas y otras deplorables, y con frecuencia las que copiamos son las deplorables como la comida o el sistema judicial. Cuando pasé casi un año en Los Angeles, regresé habiendo captado dos conceptos importantes sobre el país.

Primero, que cualquiera que disponga de recursos elevados y suficientes y los invierta adecuadamente en los medios de comunicación puede convencer, totalmente y sin sombra de la más mínima duda, a la mayoría de norteamericanos que El Escorial es un gran desierto situado en el cono sur de América. Desgraciadamente esta transformación del marketing en el arte del engaño masivo hace tiempo que llegó a España, corregida y aumentada porque aquí ni existen ni se les espera a los sistemas de defensa del consumidor ante la publicidad no solo engañosa sino estafadora, y la ética periodística está mucho más desaparecida que en USA, y muchos, demasiados, periodistas españoles cuando quieren atacar algo o alguien no pierden el tiempo en buscar razones y evidencias sino que simplemente se las inventan directamente.

Segundo. Lo que se ve en las películas del oeste, que ante cualquier problema desenfundan y empiezan a disparar no es fruto de la imaginación del guionista, sino que está enraizado en la mentalidad básica de muchos norteamericanos. Por supuesto que la gente no va por la calle disparando a diestro y siniestro, pero sus reacciones, con armas o sin ellas con frecuencia son de una agresividad enfermiza. Un buen ejemplo de lo que explico lo observé hace años; iba andando por el centro de Manhattan y justo delante de mí un policía paseaba jugando con su porra como si fuese un ventilador, cuando de golpe salió un joven muy alterado de una boca de metro a unos tres metros de donde estábamos y le dijo al policía que varios hombres se estaban peleando en el andén. El policía, con toda la tranquilidad del mundo, dejó de jugar con su porra, la colocó en su lugar en el cinto, agarró su revólver Colt reglamentario, se fue escaleras abajo, y yo me alejé del lugar sin perder tiempo.

En otra ocasión en Miami, circulando por una autopista con un coche alquilado me vi involucrado en un choque en cadena que afortunadamente no tuvo consecuencias graves pero que interrumpió la circulación. A los pocos minutos apareció un coche patrulla con dos policías que de muy mala manera nos ordenaron situarnos a más de un metro de nuestro coche y apoyarnos en el techo con ambas manos. Un francés que estaba casi a mi lado quiso argumentar algo con los policías y uno de ellos lo agarró por el brazo, se lo dobló hasta situárselo en la espalda y le obligó a adoptar la postura que nos ordenaban. A continuación mientras uno de los policías nos vigilaba apuntándonos con una impresionante escopeta con cartuchos de postas capaz de parar una pequeña manifestación de un solo disparo e incluyendo escabechina, el otro fue pasando uno a uno por cada conductor o acompañante, rectificaba la posición normalmente retrasando los pies y nos registraba también de mala manera para acabar revisando la documentación y nos hacía firmar como testigos. Cuando acabó pudimos volver a circular.

Por eso no me extraña la serie de asesinatos de gente de color a manos de la policía, porque parece ser que el método es primero disparar y después preguntar. Los USA tienen un nivel medio-alto de criminalidad pero que es el doble del nuestro y del promedio europeo, y a pesar de que todo el mundo copia su sistema judicial y policial, su policía es una buena demostración que la excesiva agresividad policial no es muy eficaz y además propensa a cometer barbaridades por las que su desastroso sistema judicial, también objeto de incomprensible copia, les exime de responsabilidad.

Esta agresividad pasada de vueltas sin duda es también uno de los factores básicos que provocaron la barbaridad de las torturas a los sospechosos del 11 S, ahora denunciadas pero siempre conocidas, que deben añadirse a las muchas barbaridades de uno de los más desastrosos presidentes de USA: George W. Bush, el líder del trió de las Azores que fabricó el inmenso error de la invasión de Irak. También está en la base de este criminal y absurdo recurso a la tortura la tradicional y clásica tendencia a la equivocación, el error, la metedura de pata y el fracaso de la diplomacia norteamericana, que desde el Puente Aéreo al Berlín bloqueado por los comunistas en 1949 no solo no ha tenido ningún gran éxito sino que la mayoría de sus actuaciones en política internacional acaban en fiasco.

El escándalo tiene además dos aspectos que lo hacen más grave todavía. Primero la hipocresía de los propios USA al situar fuera de su jurisdicción instalaciones donde se cometían actos contrarios a sus leyes, y que por más que muchos ahora disimulen, todo el mundo lo sabía, y la hipocresía también de decenas de países que colaboraron en la barbaridad, el nuestro incluido. Y segundo que esta animalada estúpida al final solo ha beneficiado al Islam radical que le ha sacado, le está sacando y le sacará el máximo rédito mediático a esta idiotez.

La casi total inutilidad USA para lidiar en temas de política internacional en mi opinión tiene la misma raíz que la violencia: la excesiva agresividad, que se traduce en prepotencia, en una seguridad en sí mismos totalmente pasada de vueltas, que desemboca en infravaloración y casi desprecio de lo que no es propio, que acaba siendo la causa de la inmensa contradicción que el país que muy probablemente tiene los mejores y más numerosos centros de documentación y estudio en temas históricos y de política internacional y da trabajo a miles de especialistas en asuntos internacionales , tenga a la vez los ciudadanos menos interesados y más ignorantes de lo que ocurre fuera de sus fronteras y un servicio diplomático de los más patosos del mundo.

Como ejemplo de esta incapacidad USA en temas internacionales siempre explico lo mismo. Cuando los norteamericanos llegaron a la Luna montaron un gran show, sus astronautas la pisaron, bailaron y dejaron su huella permanente en su suelo donde además clavaron su bandera, y desde entonces el mundo islámico, que tiene fe ciega en que la Luna es la morada de Dios y el hombre no puede ni acercarse a ella, odia a muerte a Norteamérica, el enviado de Satán, y sus aliados por haberse inventado un numerito a lo Hollywood para insultar a Allah. Cuando los rusos mandaron una expedición a la Luna lo hicieron con discreción, en la Luna solo aterrizó un robot que hizo el mismo trabajo sin riesgos para nadie y de manera más eficaz, y en la mayoría de las mezquitas ni se enteraron. Los hay que piensan y los hay que no ven más allá de sus narices.

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