INDIA’S DAUGHTER.

He visto por Internet el ya famoso reportaje “India’s Daughter”, sobre la salvaje violación y asesinato de una chica en Delhi en 2012, y sobre el problema de las violaciones en India, que la BBC emitió hace pocos días y cuya difusión ha sido prohibida en la India.

Lo trágico de la historia que relata el documental es impresionante, pero lo es mucho más la mentalidad de las personas que siguen las ancestrales costumbres y tradiciones de la India referidas a la mujer.

Me quedé de piedra cuando en el documental escuche como alguien que no es un ignorante ni un analfabeto, el abogado A.P. Singh, defensor de alguno de los violadores, viene a decir que si su hija se pasase de la raya que tiene claramente marcada, él mismo la rociaría con gasolina y la quemaría viva.

El concepto es el mismo, casi idéntico, que en el Islam radical. En el Corán, Mahoma no solo ordena que las mujeres muestren solo la cara y las manos y usen ropas poco ajustadas, además las obliga a asegurarse que ocultan sus encantos cuando están en lugares públicos. Esta es la razón de que en la tradición de algunos países radicales del Islam, a lo largo de la historia, hayan aparecido indumentarias como el burka que cubre toda la mujer, y solo le deja los ojos para que pueda sortear obstáculos. Pero esta obligación que el Corán impone a las mujeres, es también la razón de algo mucho peor, de algo monstruoso, porque cuando una mujer es violada, si se juzga la violación por la Ley Coránica y si la mujer violada identifica al violador y si, a pesar de la inferioridad de la mujer ante la Ley, cuyo testimonio solo vale una cuarta parte del testimonio de un hombre, puede probar los hechos, en el rarísimo caso en que se consiga aclarar quien hizo qué, resultará que el fallo más probable del juez coránico será acusar a la mujer por no haber ocultado su atractivo, haber incitado al violador, la castigará muy probablemente con dureza, y dejará libre al violador, que solo se arriesga a ser condenado, y no siempre, si viola a una mujer a consecuencia de haber asaltado su casa.

En la India el concepto tiene una diferencia de matiz. En la tradición hindú la mujer tiene su función específica relacionada con la casa y la familia, debe ser recatada y no tentar a hombre alguno que no sea su marido. Por esta razón una chica decente no puede estar en la calle a partir del momento en que anochece, y si no cumple esta regla se expone a ser tratada como una ramera. Por eso en el documental se repite varias veces, y también se dice en países islámicos, que si una mujer tiene la desgracia de ser violada es mejor que muera, que no sobreviva a la violación, porque buena parte de la sociedad la culpará a ella y no al violador. A muchas mujeres occidentales les molesta que algunos hombres solo las vean como objetos sexuales. Seguro que muchas hindúes y musulmanas se cambiarían ¡ya!.

En el reportaje, la señora Leila Seth, miembro importante de la justicia hindú, que forma parte de un comité que está revisando las leyes hindúes sobre violación, dice con razón que el tiempo y la educación acabarán con esta lacra, pero será un proceso educativo muy difícil y lento, porque no solo se trata de educar, además se trata de borrar unas tradiciones que muchos hindúes, y musulmanes, tienen grabada en su memoria biológica.

La razón de que en la India el tema violaciones sea un escándalo mientras en los países coránicos, bajo la Sharía islámica casi ni se habla del tema, tiene que ver con el grado de libertad de la sociedad. La India es un país que evoluciona hacia un verdadero Estado de Derecho, con una policía que detiene a los violadores y unos jueces que los condenan, nada menos que a la horca. Un caso parecido en un país coránico probablemente no habría merecido la atención ni de los periódicos locales.

Algunos de los entrevistados en el documental dicen dos cosas que a mí me recuerdan mucho algo muy cercano. El primer comentario se refiere a la lentitud de la Justicia en la India, y el segundo es del abogado que quemaría a su hija, cuando explica que en la India hay más de 250 Parlamentarios acusados de robo, violación y otros delitos sin que ocurra nada y a nadie le importe. ¿Qué será lo que me recuerdan estos dos comentarios?.

Para acabar una pregunta, ¿alguien ha visto alguna vez a las chicas de Femen o cualquier grupo radical feminista organizar manifestaciones multitudinarias en toda Europa para denunciar el trato a la mujer por parte de radicales hindúes y musulmanes?. ¿Verdad que no?, yo tampoco, pero no será por falta de razones.

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