¡¡HAY INTELIGENCIA EN EUROPA!!.

Después de años y años en que los políticos europeos más poderosos han demostrado con sus decisiones un muy preocupante nivel de estupidez, es sumamente reconfortante comprobar que en Europa todavía hay quien utiliza la cabeza para algo más que peinarse.

Desgraciadamente este rastro de lo que una vez fue la inteligencia europea se ha dado en uno de los países más remotos, en una isla en medio del gélido Atlántico norte, me refiero a Islandia.

El pasado 12 de marzo el ministro islandés de exteriores comunicó oficialmente a la U.E. que su país retiraba la candidatura a integrarse en la Unión. Si no me equivoco es la primera vez que algún gobierno manda a la U.E. a paseo antes de que sea demasiado tarde. La razón aducida por el gobierno islandés, tal como lo explica el comunicado oficial, es que podrán defender mejor los intereses del país desde fuera de la U.E.. Claro, diáfano y muy cierto.

En notas anteriores, cuando me he referido a las múltiples razones para calificar a la U.E. como Unión Estúpida, en muchas ocasiones he mencionado al caso de Islandia, poniéndolo de ejemplo de lo bien que les ha ido la salida de la crisis a los países que tienen la inmensa suerte de no depender de este montón de idiotas.

Islandia tiene una extensión que está justo por encima de la cuarta parte de la de España, pero debido a su clima y su ubicación justo en el linde del Círculo Polar Artico, tiene una población que está solo sobre los 350.000 habitantes. Unos años antes del estallido de la crisis los bancos islandeses se lanzaron a captar clientes con ofertas de inversión de unas rentabilidades difíciles de creer pero que atrajeron a un número considerable e increíble de inversores holandeses, británicos y norteamericanos, algunos de ellos institucionales y ninguno de ellos ignorante del funcionamiento de los mercados financieros. En el 2008 los tres principales bancos quebraron provocando el colapso financiero del país que quedo en una situación similar a la que afectó a Grecia un año y medio después. El gobierno intervino los bancos quebrados, pero solo en lo que se refiere a la actividad interna del país, que continuaron su quiebra y liquidación a nivel internacional. Los clientes internacionales perdieron la mayor parte de su inversión y varios banqueros acabaron en la cárcel y/o recibieron sanciones multimillonarias. La única ayuda que recibió el país fueron 2.500 millones de euros de préstamo de sus vecinos escandinavos. Para superar no solo la crisis sino también el colapso financiero el gobierno tomó una serie de medidas similares a las aplicadas por los países que han salido bien de la crisis, que no son incompatibles con la verdadera austeridad, la que no se limita a dar palos a la ciudadanía, en suma, casi exactamente lo contrario a lo que Merkel nos ha obligado a hacer. La deuda pública, que antes del 2008 nunca había alcanzado el 30% del PIB, en 2012 ya estaba en el 101%, pero con la rápida recuperación, hoy día está en el 86%, y bajando rápidamente. La tasa de desempleo, que siempre había estado por debajo del 1%, alcanzó el 9,2% en el 2012, pero hoy está en el 4,4%, también bajando rápidamente, y en su gobierno han dicho que no estarán satisfechos hasta que esté por debajo del 2%, mientras los hay que con un 24% se ponen medallas.

Si Islandia hubiese estado en la U.E. y la Eurozona cuando se produjo el colapso los bancos no habrían quebrado, no habrían sido intervenidos, se habría montado un rescate para el país, el agujero bancario se habría rellenado con fondos europeos, los inversores extranjeros solo habrían visto cancelada su alta rentabilidad pero habrían recuperado su dinero a medio plazo, aunque si el número de alemanes fuese alto igual recuperaban su dinero de manera inmediata, ningún banquero habría acabado en la cárcel, como mucho algunos habrían sido cesados yéndose a su casa con los bolsillos bien llenos, para soportar la carga financiera que el país tendría que soportar se llevaría a cabo un plan de austeridad que recortaría buena parte de los servicios que reciben los islandeses y subiría sus impuestos, y como ha ocurrido con Grecia, después de más de 5 años de esfuerzo y sacrificio, estarían igual o peor que el día del colapso, con una tasa de paro probablemente por encima del 10%, y una deuda pública por las nubes y subiendo, incluso en el caso que se hubiese condonado parte de la deuda, como en el caso griego donde se les perdonaron más de 100.000 millones y ni se nota.  ¿Todavía hay alguien que no entiende porque Islandia ha renunciado a ser parte de la U.E.?.

Encima el viernes 13, día siguiente al que Islandia anunció su salida de la U.E. sin haber entrado en ella, el ministro de economía alemán Schaüble, contradiciendo a Frau Merkel, insistió en que Grecia podría acabar saliendo del Euro, todo depende de si se portan bien. Es curioso que lo que hubiese tenido todo el sentido del mundo y fue un inmenso error no haber hecho en el 2010, pero que según el propio Sr. Schaüble y su jefa hubiese provocado un cataclismo , que probablemente no tenía nada que ver con el hecho que la mayor parte de la deuda griega estaba en manos de bancos alemanes, ahora sea factible, sin que tampoco tenga nada que ver con el hecho que el riesgo griego de los bancos alemanes ya es incluso inferior al del gobierno español que en el 2010 no tenía un céntimo de riesgo griego. ¡Pobrecitos, se equivocaron sin querer!.

Cuando ya estaba por colgar esta nota he leído en La Vanguardia del sábado 14, un artículo de Rafael Jorba, periodista que se supone es muy prestigioso y del que ya me sorprendió un artículo sobre el Islam totalmente desenfocado y absurdo que comenté en mi nota del 7 de enero pasado. En su último artículo Merkel aparece con cara bondadosa en una foto en el centro del artículo, en que al señor Jorba, por la forma en que describe a la Führer, se le olvidó dibujar una aureola de santidad alrededor de su cabeza, y habla del señor Schaüble como el único que defiende a los griegos (¿pero qué periódicos debe leer este señor?), pero lo que me ha llegado a sulfurar es que comparara a Merkel con Adenauer, cuando en lo que se refiere a lo beneficioso de su gestión para la unidad europea son la antítesis absoluta.

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