ESPAÑA ES MUY, PERO QUE MUY DIFERENTE.

Los problemas del secesionismo escocés y catalán se iniciaron casi al mismo tiempo, pero mientras en el Reino Unido lo solucionaron hace tiempo gracias a un referéndum, en España el problema va de mal en peor.

Aquí se ha negado el referéndum a pesar de que el porcentaje de partidos independentistas en el Parlament es algo más alto que el que en el Parlamento escocés provocó el referéndum.

El mero hecho de mencionar el referéndum o el derecho a decidir está considerado un pecado capital contra la patria, y el absurdo llega a considerar que la simple aceptación del tal referéndum es un ataque a la unidad de España.

Cuando Pedro Sanchez plantea un acuerdo con Podemos, partido que apoya la celebración del referéndum, por esta sola razón estalla una crisis en el PSOE liderada por Susana Díaz, una señora que se opone no solo al referéndum, sino a cualquier cambio en el estatus de Catalunya, en especial en lo que a financiación se refiere.

Por cierto, Pedro Sanchez no es ninguna maravilla, pero si algún día es sustituido por Susana Díaz será pasar de Guatemala a Guatepeor, porque es una verdadera especialista en hacer y decir barbaridades.

Los que califican la celebración del referéndum como romper España se supone que parten de la base que el referéndum lo ganarían los independentistas, porque en caso contrario, derrota del independentismo, el resultado supone nada menos que la solución del problema.

La unidad de España no es santa e intocable, sino que como todas las cosas debe gestionarse bien para garantizar su validez y continuidad, y desde hace siglos los gobiernos de España la están gestionando desastrosamente mal, negándose a tener en cuenta la variedad y el hecho de que se trata de un territorio multinacional, no respetando las características de los territorios, en especial en relación con Catalunya, e imponiendo el dominio imperial central.

La CUP ha conseguido reunir a 3.000 personas para votar un chiste malo que no tiene ninguna gracia. Si a JuntsXsi y a Artur Mas les quedase algo de dignidad tenían que haber mandado a la CUP a paseo al día siguiente del chiste y haber convocado nuevas elecciones, aunque también tenían que haberlo hecho cuando la CUP se negó por segunda vez a la investidura de Mas, en vez de meterse en una negociación absurda que ha acabado en un ridículo espantoso, por no decir nada de la inmensa barbaridad que votó el Parlament el 9-N.

Yo soy de los convencidos, por más papeles que enseñen, que lo del empate es un amaño. De todos los cálculos de probabilidad que se han publicado yo estoy de acuerdo con el más elevado, el que indica que una votación con dos opciones de 3.030 votos es del 0,33 por mil, o 3 por 10.000, es decir, prácticamente imposible.

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