LA QUINTA COLUMNA.

La Vanguardia tiene dos excelentes corresponsales en Oriente Medio. Tomás Alcoverro desde Beirut, donde los más viejos del lugar no recuerdan cuando empezó Don Tomás su labor de corresponsal, y al que tuve el gusto de conocer hace un montón de años, y Enrique Cymerman desde Jerusalén.

Ambos son grandes profesionales, de los que resaltaría especialmente su objetividad en una zona en que la neutralidad no es frecuente. Son exactamente lo contrapuesto a Joan Roura, el cataliban de TV3.

El pasado martes 5, en un artículo a doble página en su periódico (págs. 6 y 7) Tomás Alcoverro se refería a una visita que hizo a Malula cuando se cumple casi un año desde que fuese liberada de las garras de los yihadistas.

En una nota titulada  MALDITA GUERRA que publiqué el 12 de abril de 2014, y después de aclarar que los peores desastres de la guerra los padecen los seres humanos, pasé revista a varios de los lugares que admiré durante mi estancia en Siria que estaban siendo destruidos por la barbarie islámica y me referí a Malula que visité varias veces por su peculiar belleza natural, su historia y los monumentos del lugar.

Al final del largo artículo Alcoverro menciona que una familia de la mayoría cristiana de Malula le invitó a almorzar en su casa, y en la conversación le dijeron que si toda la población de Malula hubiese sido cristiana los yihadistas no la habrían podido ocupar, pero buena parte de los pocos musulmanes de la ciudad, aparentemente “moderados”, actuaron como quinta columna de los barbaros y facilitaron la ocupación.

Los grupos cristianos y otros no musulmanes que han sido y están siendo masacrados por la barbarie islámica en Oriente Medio llevan tiempo denunciando lo mismo: musulmanes aparentemente “moderados” que colaboran con los asesinos islámicos, sin que nadie les haga el más puñetero caso, por supuesto, porque apoyarles en su denuncia debe ser propio de islamófobos.

No solo en Oriente Medio, sino en todo el mundo uno de los problemas del Islam es lo difuso, nada claro y difícil que es diferenciar entre radicales y moderados, que en circunstancias extremas como la denunciada por la familia cristiana de Malula casi sin excepción acaba resultando que muchos, demasiados, musulmanes son moderados hasta el día en que tienen la oportunidad de dejar de serlo. Esta nebulosa que impide discernir entre moderados y radicales en el Islam no se soluciona ignorando el problema, sobre todo cuando hay víctimas del terrorismo de por medio, sino intentando romper esta continua confusión, en mi opinión totalmente premeditada.

Tales hechos deberían servir de base para que en Europa se exigiese a los musulmanes “moderados” una implicación clara e inequívoca en la condena y la lucha contra la barbarie islámica, y en vez de eso se califica de islamófobos a los que denunciamos la realidad del Islam.

Si algún día el Islam radical considera que ha llegado el momento de iniciar la ocupación de Europa, contará con una gran quinta columna como la que utilizó en Malula, formada tanto por musulmanes “moderados” como por idiotas no islámicos. Teniendo en cuenta los inmensos errores, tonterías y barbaridades de la U.E. en prácticamente todos los temas que trata, económicos, políticos, humanitarios, etc. y la ayuda al Islam radical por parte de los que se autocalifican de antirracistas y anti-islamófobos es fácil llegar a la conclusión que Europa es el continente con la mayor concentración de estupidez y de idiotas del mundo.

 

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