DESASTROSA BARCELONA.

En lo que llevamos de año se han producido hechos en número y gravedad suficientes como para darle a la ciudad el calificativo de desastrosa.

Primero fue el escándalo del barrio de La Mina, y lo califico de escándalo a sabiendas que me pueden llamar xenófobo los mismos que me llaman islamófobo. Que a consecuencia del asesinato hace unos meses y en un bar de la villa olímpica, de un miembro de un clan gitano de narcotraficantes se haya producido una crisis que ha afectado a todo el barrio y de hecho a toda Catalunya solo significa que en el barrio de La Mina los gestores públicos no cuentan para nada y que quien manda en el barrio son los clanes gitanos del narcotráfico. No solo hubo familias del clan del asesino que abandonaron Barcelona a toda prisa para evitar represalias sino que no tiene mucho sentido que unas personas que circulan con coches de alta gama porque su negocio es sumamente rentable no se esconden de manera discreta en lugares alejados de los que quieren vengarse de ellos, sino que en vez de alquilar utilizan el cada vez más popular método de ocupar una vivienda, aunque en su caso sin justificación alguna porque disponen de dinero con que pagar el alquiler, y encima no se conforman con cualquier cosa sino que ocupan chalets de lujo en el Maresme. Es decir, algo así como “nosotros hacemos lo que nos da la gana y a callar”.

Mientras tanto los que siempre ponen el grito en el cielo en cuanto se hace el más mínimo comentario sobre los gitanos han estado muy callados, cuando el tema les debería preocupar porque una parte importante de los casos de rechazo de los gitanos no son debidos a racismo, sino a gitanos como los de La Mina, el barrio de Sant Joan de Figueres y otros similares.

Por cierto, no he visto ni un solo artículo de ni un solo periodista que critique duramente la negligencia, despreocupación e inoperancia de nuestras autoridades con el escándalo de La Mina, aunque está claro que a nadie le gusta que le llamen racista y xenófobo, que es exactamente lo que le ocurriría al periodista que se atreviese a pasar de la noticia escueta.

Pero lo de la CUP en el Ayuntamiento de Barcelona es mucho peor. El asunto de los manteros lleva años de mala gestión por parte del Ayuntamiento de Barcelona, pero desde que llegó la alcaldesa Colau ha pasado de mala a desastrosa, porque como ha hecho con otros temas ha decidido pararlo todo y no tomar medida alguna con la excusa de que están estudiando una solución solidaria al problema, aunque la razón probablemente es que su aparente progresismo no le permite tomar las medidas que un gestor serio debería tomar frente a hechos ilegales por varias razones y generalizados.

En mi nota del 22 de febrero informaba de que a causa de los manteros acumulados en el sótano del metro de Plaza Catalunya sufrí una caída sin consecuencias, y parece que ayer 20 de abril los Mossos se encargaron de desalojarlos de aquel lugar, aunque por supuesto que regresarán en cuanto se vayan los Mossos.

Que un concejal del Ayuntamiento, en base a evidencias, incluso si fuesen algo dudosas, denuncie de la forma más ruidosa posible un caso de abuso o excesiva violencia por parte de cualquier policía, no solo sería correcto sino que forma parte de las obligaciones que asumió como propias al ser votado para el cargo. Pero que un indeseable que ha llegado a concejal, que hace unos años ya fue condenado a indemnizar a un cámara de TV3 por agredirle cuando estaba haciendo su trabajo grabando un piquete “informativo” de sindicalistas, primero presione, intimide y amenace a un médico para que emita un informe con una versión totalmente falsa sobre un mantero lesionado al caer por las escaleras del metro y se invente una historia y circunstancias totalmente inventadas con la única intención de poder acusar de acciones violentas a la Guardia Urbana, además cuando todos los testigos e incluso grabaciones en video demuestran que nada de lo que afirma el indeseable es cierto, y el indeseable se atreve a afirmar que le da igual y que volverá a hacerlo en cualquier situación similar, la única reacción admisible es que su partido lo expulse y el Ayuntamiento haga lo posible para que el indeseable sea sancionado personándose en el juicio como acusación particular. Nada de esto ha ocurrido y mi conclusión es doble. Por un lado como ciudadano que acudió a votar a los gestores de mi Ayuntamiento me siento estafado e insultado por el indeseable, su partido y la alcaldesa, y por otro concluir que la mayoría de nuestros políticos de extrema izquierda aplican métodos propios de comisarios políticos de la extinta Unión Soviética o de miembros de la Gestapo, que viene a ser lo mismo, porque en mi opinión el cambiar realmente las cosas les trae sin cuidado y lo único que les atrae de la revolución es la confrontación y los vidrios rotos, porque si no fuese así actuarían con estrategias inteligentes en vez de actuar a lo bestia.

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