ESTUPIDEZ PARAISLAMICA.

Ahora resulta que cuando se produce un ataque del terrorismo islámico se inicia una gran discusión en los medios sobre si se trata de un ataque yihadista o el de alguien que pasaba por allí y vaya usted a saber porqué se le ocurrió empezar a matar personas inocentes, y como siempre, los que creemos que se trata de terrorismo yihadista somos malintencionados, fascistas e islamófobos.

Curiosamente siempre se acaba demostrando alguna conexión con el terrorismo islámico, pero los que ya llamo cómplices de los asesinos, incluso cuando la cosa ya está clara se empeñan en que los grupos radicales islámicos no tienen nada que ver con el ataque, con independencia por supuesto de que este terrorismo usa el Islam aunque no tiene nada que ver con ellos porque el Islam es una religión de paz y amor, y también por supuesto, los que nos dedicamos a decir la verdad sobre el Islam somos fascistas, islamófobos y otras cosas peores.

Por lo visto antes de que se iniciasen las actividades de Al Queda, Estado Islámico, Boko Haram, Al Nusra y toda la barbarie islámica, aunque no nos enterábamos, era de lo más normal que en cualquier ciudad europea alguien asesinase sin más a un montón de personas al azar, y que esto ocurriese al menos entre 5 y 10 veces al mes entre todas las ciudades del continente, lo que ocurre es que por total y absoluta casualidad en la actualidad todos los que practican este tipo de asesinato son originarios de un país musulmán y son de religión musulmana, y los fascistas islamófobos se aprovechan de esta casualidad para atacar al Islam sin motivo. El tema es lo suficientemente serio como para no tomárselo a cachondeo, pero creo que está claro que de quien me estoy cachondeando es de la estupidez de los cómplices de los asesinos.

Como excusa de su complicidad con los asesinos dicen que defienden a los musulmanes moderados del ataque de los islamófobos, mientras nadie se extraña que los musulmanes que condenan el terrorismo no sean más de cuatro mal contados que además lo hacen con la boca pequeña. Afortunadamente ha habido varios casos de musulmanes que se atreven a echar en cara a los moderados su silencio culpable en relación con el terrorismo islamista. El último musulmán que condena el silencio de los suyos es el pakistaní con pasaporte USA Mansour Ijaz, que ha colaborado con varios gobiernos USA para llegar a acuerdos de paz en países árabes, y que en un artículo en Financial Times del domingo 17 titulado “We Muslims must end our silence on Islamist terror”  (Los musulmanes debemos romper nuestro silencio sobre terrorismo islámico) exigía la clara y activa condena del terrorismo islámico por parte de los moderados que como grupo continúan manteniendo un silencio muy mayoritario y culpable. De entrada responsabiliza exclusivamente a los musulmanes  de que hayan permitido a sus radicales transformar su religión en soporte de un horrible terrorismo que no distingue a quien mata mientras las masacres sean por toneladas de victimas. También les acusa de disfrutar de la “Liberté, égalité, fraternité”, pero para aplicarla solo en su interés y nunca para luchar contra sus terroristas. Aunque también critica a las autoridades de países occidentales por no haber exigido a los moderados su colaboración para luchar contra los musulmanes radicales.

El mejor ejemplo de estupidez aplicada a la defensa del Islam lo publicaba La Vanguardia en su sección de Cartas de los Lectores del domingo 24. Reproduzco la carta a continuación:

Mujeres musulmanas. Me pregunto por las mujeres musulmanas de Occidente. Las que viven, por ejemplo, en Francia y son médicos, escritoras, políticas… Me pregunto por qué no salen a la palestra y dicen: “Sí, aquí hay racismo, sí, hay discriminación, sí, a mí me ha costado mucho más llegar donde he llegado. He tenido que superar estereotipos, desprecio y desconfianza. Pero aquí estoy, tengo una vida, una profesión, sueños, libertad. No estoy encerrada, puedo estudiar, hacer deporte, salir a divertirme… Ya no concibo otra cosa y exijo lo mismo para mi hija, mi sobrina, mi vecina…”.  MONTSE ROCA COMET Barcelona.

La estupidez del comentario de esta carta es de tal calibre que la he leído varias veces para asegurarme que no se trataba de un sarcasmo algo retorcido, pero no es así, la señora Roca critica duramente el trato que se le da a la mujer musulmana ¡¡¡ EN OCCIDENTE!!!. Una de dos, o esta señora es una total ignorante que no sabe que en muchos de los países de origen y en la religión de estas mujeres, se considera a las féminas como poco más que un complemento del centro de todo: el hombre, y que entre muchas otras barbaridades contra las mujeres consideran a la mujer violada como la responsable de la violación por haber incitado al violador, o se trata de otra cómplice de los asesinos dispuesta a soltar cualquier tontería con el objeto de que las barbaridades islámicas no sean responsabilidad del Islam sino de los muy malos de siempre: nosotros.

Cuando la señora Roca pone en boca de la mujer musulmana que vive entre nosotros la frase: “aquí estoy, tengo una vida, una profesión, sueños, libertad. No estoy encerrada, puedo estudiar, hacer deporte, salir a divertirme…” se le olvidó añadir “y lo estoy haciendo por primera vez en mi puñetera vida sin límites y sin graves riesgos, porque en mi país jamás pude ni soñar con hacerlo.”.

Lo que no acabo de entender es como puede La Vanguardia publicar tamaña estupidez, aunque hace algún tiempo que en este periódico no me extraña nada, más o menos desde 2013 cuando un excelente director, José Antich, fue sustituido por Marius Carol, desde entonces el nivel del periódico está bajando, se han censurado artículos a escritores del nivel de Albert Sanchez Piñol, varios excelentes periodistas han abandonado La Vanguardia por voluntad propia o despedidos, algunos han sido enviados como corresponsales a miles de kilómetros de distancia para que no puedan comentar asuntos de política interior ni por casualidad, etc., hasta el extremo de que estoy dudando en cancelar mi muy antigua suscripción.

Aunque es probable que Marius Carol se limite a cumplir órdenes porque el verdadero desastre de La Vanguardia es su actual propietario Javier de Godo, Conde de Godo, en tremendo contraste con su anterior propietario, su padre, Carlos de Godo fallecido en 1987, que a pesar de que la mayor parte de su propiedad ocurrió durante la dictadura, consiguió hacer más grande un periódico que ya lo era y mantener, dentro de lo posible la orientación liberal del periódico, que con el propietario actual se hace difícil adivinar que orientación tiene, si es que tiene alguna, que no sea mantener los volubles intereses de Don Javier.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Islam. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s