OTRO MARTES NEGRO.

Finalmente ha sido Trump quien se ha llevado el premio en el show electoral norteamericano y a muchos nos ha dejado seriamente preocupados.

Prefiero pensar que son muy pocos los políticos que después de ganar las elecciones hacen lo que decían en campaña y que este contraste es mayor cuanto más y peores son las barbaridades dichas, como es el caso de Trump.

De las cosas que podrían ocurrir con Trump hay dos que me preocupan en especial. Primero la sintonía que parece tener con Putin, el Zar de todas las Rusias, que unida a su intención de reducir la implicación militar de los USA fuera de sus fronteras y a la, en mi opinión, repetidamente demostrada estupidez de los que gestionan la U.E. los europeos podríamos pasar cuatro años bastante malos, y segundo el que pueda cometer una barbaridad en Oriente Medio, después que en campaña garantizó un apoyo aparentemente incondicional a los israelíes.

Creo que lo que ha ocurrido con Trump es algo que he comentado varias veces. Los principales responsables de la aparición y crecimiento de partidos y políticos populistas son los políticos que podríamos calificar como “normales”. La creciente desconexión entre lo que muchos ciudadanos piensan y quieren y lo que hacen los políticos acaba provocando el estallido del populismo. Un buen ejemplo, aunque no sea el tema más importante, es lo que ocurre con el Islam, la ciudadanía ve en su vida cotidiana la realidad del Islam como ideología religiosa agresiva que supone un grave peligro si no se controla adecuadamente y a fondo, mientras los políticos “normales” no paran de hacer concesiones e incluso califican el problema de una forma que no encaja en absoluto con lo que la gente ve y oye cada día, hasta que un buen día sale un populista que dice que mandará a todos los musulmanes de regreso a su casa y muchos se apuntan a la barbaridad.  Como he explicado un par de veces la llamada xenofobia británica contra los extranjeros que es la principal razón del Brexit ya fue debida a esta razón porque, con el añadido de la intromisión de la U.E., las medidas que se tomaban no defendían a la población local de los abusos de algunos extranjeros. Pero por desgracia no tengo ninguna esperanza de que los políticos normales se den cuenta de su inmenso error. La defensa de los derechos humanos es necesaria pero cuando se aplican de una forma pasada de vueltas que acaba defendiendo los derechos de los delincuentes contra los de los ciudadanos más o menos honestos, tarde o temprano estalla el populismo.

Trump hizo la lista de todo aquello de que los ciudadanos USA están más que hartos sin que los políticos de Washington les diesen la más mínima respuesta, y ha prometido solucionar lo más importante. Uno de sus caballos de batalla es la globalización que Trump quiere finiquitar por la sencilla razón que ha fracasado estrepitosamente. La imposición de la globalización y el liberalismo salvaje a todo el mundo, algo que siempre he dicho que nadie en ningún país del mundo ha votado a favor, se inició con Reagan y continuó con los Bush y Clinton. La idea era que el desarme arancelario ayudaría a países menos desarrollados a hacer crecer su industria y sus exportaciones y con el consecuente crecimiento económico y social se equilibrarían los salarios y los países occidentales recuperarían su competitividad, al menos en parte, con un mercado de consumo mucho mayor, pero en realidad solo ha servido para crear dos grandes gigantes: China e India que hace tiempo ya alcanzaron muy elevados niveles de desarrollo industrial y económico, pero que no han modificado prácticamente en nada su estructura social, sus trabajadores siguen cobrando miseria por largas jornadas laborales y no se les permite organizarse en sindicatos no oficiales, con un primer resultado negativo porque en ninguno de los dos gigantes asiáticos se crea un mercado de consumo importante que pueda absorber cantidades importantes de productos occidentales y un segundo resultado todavía peor porque los países occidentales han tenido que reducir de manera drástica y dolorosa su nivel de salarios para poder mantener la competitividad de la poca industria que les queda. Si Donald Trump consigue romper este maldito esquema bienvenido sea.

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