TODOS SOMOS POPULISTAS.

Con la victoria de Trump se ha vuelto a demostrar que uno de los principales rasgos de identidad de este país es la estupidez. Entre políticos y periodistas se han montado una escandalera donde todos acusan a alguien de populismo. Todos los que no son de los míos son populistas.

Pero en la feria del populismo hay dos que se llevan la palma. Como no podía ser de otra forma Gusana Díaz ha vuelto a meter la pata diciendo que Trump y Podemos beben de las mismas fuentes del populismo, y Pablo Iglesias le contestó adecuadamente preguntándole que había bebido ella, porque su afirmación solo la pudo hacer cocida de vino.

Aunque en general tengo buena opinión de Artur Mas, sobre todo en contraste con la nula dignidad de Rajoy, siempre he mantenido que como estratega es desastroso. Mas ha publicado un video donde, aunque lo critica y dice no estar de acuerdo con sus métodos, se alegra de la victoria de Trump porque si la consiguió contra todo pronóstico también puede triunfar el independentismo. Si pretendía animar al independentismo se equivocó de método porque las cosas casi imposibles como la victoria de Trump no ocurren cada día, aunque lo más grave es que no se dio cuenta que daba armas a la caverna mediática que sin duda y en cualquier caso habría acusado al independentismo de populismo entre muchas otras cosas, pero ahora afirman que incluso Mas lo reconoce. Afortunadamente Puigdemont es mucho más hábil en lo que a tácticas y estrategias se refiere, y al día siguiente a las elecciones publicó un tweet augurando tiempos dificiles y dos días después otro felicitando al nuevo presidente.

En mi anterior nota expresaba mi esperanza de que Trump no cumpla todas las barbaridades que dijo en campaña, y ya ha empezado a recular ligeramente en el tema del Obamacare, el sistema sanitario implantado por Obama que Trump quería cargarse pero que ahora dice que lo hará solo en parte, pero hay dos temas preocupantes.

Primero los nombramientos para el nuevo gobierno. Para la agencia del medio ambiente ya ha confirmado que va a nombrar a un negacionista del cambio climático, y los nombres que suenan son de los que hacen temblar, como Newt Gingrich, uno de los que hace tiempo que califico como nazis republicanos, nada menos que para secretario de Estado, el equivalente a ministro de exteriores, u otra del mismo estilo Sarah Palin.

Una intención de Trump ya confirmada, que ha pasado bastante desapercibida, es el cancelar todos los mecanismos de protección del sistema financiero, como la proporción mínima entre fondos propios y cartera de préstamos o las condiciones de mínima solvencia tanto para el banco como para conceder préstamos a clientes, que fueron restablecidos justo después del estallido de la crisis precisamente para evitar repetir el desastre, que además constituyen la única y mínima limitación que se ha impuesto a la principal causa de la crisis: el liberalismo salvaje.

Además, el cancelar las medidas protectoras del sistema financiero no solo no encaja sino que va en sentido contrario al único aspecto del plan de Trump que me gustaba, el acabar de alguna forma con la globalización.

Es todavía muy pronto para juzgar lo que quiera hacer Trump, pero lo que ha hecho y dicho desde el día 8 en que resultó elegido, ha aumentado mi preocupación.

Lo más grave de lo ocurrido con la victoria de Trump es que los políticos ´´normales“ no dan la más mínima indicación de que hayan aprendido la lección y vayan a modificar su actitud para evitar mas Trumps.

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