NULA VERGÜENZA.

El pasado jueves 11 de enero la ex ministra y vicepresidenta del gobierno Elena Salgado compareció ante la comisión de investigación sobre la crisis financiera en el Congreso.

Al igual que su predecesor en su comparecencia frente a la misma comisión, Rodrigo Rato, su actitud era la de una persona que ha llevado a cabo una gestión perfecta y no comprende que cuatro diputados les hagan preguntas capciosas cuando la realidad es exactamente la opuesta y su desastrosa gestión supuso la ruina de muchos ciudadanos.

De lo que dijo la Sra. Salgado no me gustó ni una coma y lo consideré una tomadura de pelo al Congreso y los ciudadanos, explicó un cuento de hadas en el que ella era el Hada Madrina que todo lo solucionó, y en el que incluso apareció Jean Paul Junker nada menos como el único de la U.E. que se preocupa por cuestiones sociales (al soltar esta tontería en la TV tenían que haber añadido carcajadas de fondo como en las series de humor), pero hizo dos comentarios que considero especialmente denigrantes:

Definió como un verdadero abuso la venta de preferentes, como si se tratase de algo que hizo alguien en el otro lado del mundo, cuando los principales responsables de colocar dichas preferentes en el mercado fueron el ex gobernador del Banco de España, Fernández Ordoñez y la misma Elena Salgado, que en vez de impedir su comercialización tal como era su obligación las impulsaron al máximo llegando a presionar frecuentemente y con insistencia a la Cajas para que emitieran y vendieran el máximo de preferentes con la idea de solucionar el problema de liquidez de la banca captando los fondos del pequeño ahorrador mediante una estafa.

Cuando un diputado de Podemos la calificó como la reina de las puertas giratorias por sus cargos en Endesa y Pescanova, además con el primero de ellos, Endesa, iniciado antes del plazo de incompatibilidad establecido por la Ley, contestó de forma airada y sumamente prepotente que lo lógico es que a la política vayan los más preparados (se supone que así como ella), razón por la que al ser nombrada para formar parte del gobierno socialista de Zapatero dejó sus importantes cargos en empresas privadas y al ser contratada por Endesa y Pescanova no hizo más que volver a la actividad que desarrollaba antes de pasar a la política. En esta alucinante explicación solo hay un pequeño problema, la Sra. Salgado desde 1982 hasta su nombramiento como ministra en 2004 trabajó para las siguientes “empresas privadas”: Ministerio de Industria, Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente y Ministerio de Economía y Hacienda.

De todas formas, lo peor de esta vergonzosa e insultante sesión en el Congreso fue que ni un solo diputado, repito, NI UN SOLO DIPUTADO, puso encima de la mesa ni una sola de las barbaridades cometidas por la Salgado hasta al menos sacarle los colores a la cara.

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