ESPAÑA EN UN POZO.

La historia del pobre Julen, el niño de 2 años que cayó en un pozo en el pueblo malagueño de Totalán ha servido para sacar un buen retrato de esta calamidad de país, desde una Administración Pública que de tan desastrosa es para huir pitando, a una pocilga mediática cada vez más llena de lo que normalmente hay en las pocilgas.

No voy a criticar lo que se hizo para intentar rescatar al pequeño porque no soy experto en rescates pero mi sensación es que pusieron muy buena voluntad pero poca inteligencia y nula previsión, entre otras cosas porque la operación de rescate se inició en serio cuando ya había transcurrido casi una semana del suceso.

La probabilidad de poder rescatar al niño con vida era prácticamente nula porque si no fallecía por el impacto después de una caída de 70 mts. el estado en que quedaría haría imposible su supervivencia durante todo el tiempo que tardaron en rescatar el cuerpo.

Por supuesto que el principal objetivo era rescatar al pequeño aunque las probabilidades de que hubiese sobrevivido al accidente fuesen prácticamente nulas, pero una vez iniciadas las operaciones dirigidas a ese objetivo fundamental la siguiente prioridad tenía que ser forzosamente conocer las circunstancias en que el niño sufrió el accidente para, entre otras cosas, delimitar y exigir responsabilidades. Es imprescindible llevar a cabo una investigación a fondo del suceso para conocer absolutamente todos los detalles, porque es incomprensible que en cualquier terreno, sea público o privado, haya un agujero de regulares dimensiones en el suelo que supone el inicio de un pozo de 70 a 100 mts. de profundidad. Más todavía cuando parece que el terreno donde se había perforado el pozo pertenece a familiares del niño accidentado que no disponían de los permisos precisos para construir el pozo. En resumen, lo ocurrido no fue solo un desgraciado accidente en el que perdió la vida un niño de 2 años, además, y sobre todo, fue una inmensa barbaridad, en mi opinión incomprensible e inadmisible.

En las redes sociales y algunos medios se publicó una versión de los hechos que retrataba a la familia como verdaderos delincuentes, a la que no di credibilidad, pero si apareció dicha versión probablemente fue porque no existía ninguna versión oficial de lo ocurrido o nadie se preocupó de hacer pública la información sobre el accidente en manos de la Administración. De hecho el propio ministro del interior, Grande Marlaska afirmó el mismo sábado 26, cuando se recuperó el cuerpo del pequeño, que se iba a iniciar la investigación de lo que había ocurrido, y lo anunció casi dos semanas después del suceso.

Los medios de información españoles también han quedado bien retratados. Nula información sobre lo ocurrido, nulo interés por conocer la opinión de quien tenía la obligación de investigar lo ocurrido, pero máxima utilización sentimentaloide de la información con la única intención de vender periódicos o audiencias, lo demás importa un bledo y está ahí para ser utilizado. Ha quedado bien claro que uno de los bienes sumamente escasos de España son los periodistas profesionales, cuyo lugar lo ocupan especialistas en mentir, difamar y engañar a unas audiencias que en cifras que sobrepasan la mayoría no son analfabetas pero que a duras penas saben algo más que leer y escribir.

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