EL AMPLIFICADOR NACIONAL. II

El amplificador nacional que se rasga las vestiduras a la mínima salida de tono de cualquier político catalán mientras considera normal que se les insulte y difame ha vuelto a actuar cuando estaba redactando mi nota anterior.

El pasado domingo se conmemoró en Mauthausen (Austria) la fecha de 1945 en que los aliados liberaron el campo de concentración nazi delante de una placa que instaló la Generalitat catalana en 2017 cuando Raúl Romeva todavía era Conseller de Exteriores de la Generalitat, y como el texto de la placa no se limita a las víctimas catalanas sino que dice en tres líneas:  1ª.-Todo el dolor de un pueblo 2ª.- En memoria de las personas deportadas a los campos nazis y 3ª.- Generalitat de Catalunya, está escrita en catalán, castellano, inglés y hebreo, se invitó a varios ministerios a asistir a la ceremonia pero solo se presentó la Ministra de Justicia Dolores Delgado, y tan importante pero exigua representación se justificó porque en el acto solo habrían banderas republicanas, no solo por ser republicanos todos los que murieron en el campo, además para no lucir la del Reino de España (que si lucía la Ministra), sucesora de la bandera que representa a quien les asesinó pidiendo a los nazis su internamiento y ejecución.

La directora general de Memoria Democrática de la Generalitat, Gemma Domènech, en su discurso se refirió al hecho que la placa había sido inaugurada por Raúl Romeva que en la actualidad es uno de los presos políticos e inmediatamente la señora Ministra abandonó el acto con visibles gestos de enfado.

La reacción de la Ministra es absurda e inapropiada por al menos tres razones: primero, no es la primera de las muchas veces que un político oyendo un discurso en un acto público tiene que aguantar una frase que no le gusta nada, pero no nos enteramos porque no hacen ni aspavientos y como mucho lo echan en cara a alguien en privado. Segundo, era la primera vez que una representante de un gobierno español acudía a un campo de concentración nazi para homenajear a los republicanos asesinados por orden de Franco mientras la Generalitat lo hace a menudo e incluso aportan una cuota anual para el mantenimiento de Mauthausen y otros campos. Tercero, lo que dijo Gemma Doménech, por más que los partidos del régimen del 78 se ofendan al oírlo es absolutamente cierto y el juez Marchena se encargó de aportar otra de las muchísimas pruebas cuando el día siguiente lunes en el juicio de la vergüenza cortó, canceló las preguntas de Marina Roig la abogada de Jordi Cuixart a Javier Pacheco secretario general de CCOO y le pegó la gran bronca a la abogada porque según Marchena hacía preguntas que no tenían nada que ver con el objeto del juicio cuando la abogada Roig le estaba preguntando nada menos que por sus razones para manifestarse el 20-S del 2017.

Pero eso no fue lo peor del desacierto de la Ministra porque en declaraciones posteriores acusó a la Generalitat de aprovechar el homenaje a luchadores y defensores de la democracia y la libertad» para insultar a España, y esto lo dice la representante de los gobiernos de un país que nunca han tenido ni el más mínimo gesto ni tan solo de reconocimiento para con los republicanos asesinados por nazis por orden de Franco y lo dice además en la primera ocasión en que se daban oficialmente por mínimamente enterados de lo que ocurrió con republicanos españoles en los campos de exterminio.

Siendo esta señora Ministra del actual gobierno del régimen del 78, creo que es una clara evidencia más de que las posibilidades de que algún día alguien se tome en serio el dar solución al problema catalán no son escasas sino nulas, entre otras cosas, pero sobre todo porque no habrá solución mientras la mentalidad actual de los gobiernos y muchos de los ciudadanos de España sea similar a la de la época de Isabel la Católica.

Por cierto, Nuria de Gispert que fue objeto de mi anterior nota con el mismo título ha renunciado a la Creu de Sant Jordi que la Generalitat le había concedido. Ante el echo la pocilga mediática que la insultó a mansalva tenía dos alternativas: no mencionar el echo o hacer referencia a la honestidad de la señora de Gispert, pero han hecho lo de siempre porque casi todos han optado por afirmar que no le quedaba más remedio porque los que la insultaron estaban en lo cierto, incluso alguno como La Razón afirman que, aunque solo sea por esta vez, por casualidad y obligada por la situación la Generalitat ha actuado correctamente. ¿Cómo puede ser que todavía haya alguien que se extrañe de que queramos salir pitando de este manicomio?

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