CACHONDEO JUDICIAL.

Ayer lunes 9 se celebró la apertura del año judicial en la misma sala del tribunal supremo en que se celebró el juicio de la des-vergüenza, acto presidido por el Rey.

Lo que más me impresionó al escuchar los discursos, en especial los de Carlos Lesmes presidente del Consejo General del Poder Judicial y de María José Segarra fiscal general del Estado, fue la sangre fría y absoluto control con que soltaban inmensas falsedades y barbaridades hasta el extremo de transformar su discurso en una tomadura de pelo, sin que se les escapase ni una risotada.

Lesmes soltó muchas barbaridades, como afirmar nada menos que España es una democracia plena, pero lo peor de su discurso fue cuando se refirió al juicio de la des-vergüenza en los siguientes términos: “Lo celebramos como siempre en este salón de plenos del Tribunal Supremo, que ha sido testigo de un juicio de gran impacto social y mediático. Un juicio en que se ha puesto de manifiesto una vez más el compromiso de nuestros jueces con la defensa de los valores del estado de derecho proclamados por la Constitución. Tanto es así que me veo obligado a felicitar el presidente de la sala segunda de este tribunal, así como a los magistrados integrantes de esta sala que han participado en el juicio. Este juicio es el paradigma de los miles de juicios que se celebran cada día en nuestro país, dirigidos por jueces anónimos y que se construyen sobre los pilares de la responsabilidad, la dedicación y la profesionalidad y buscando la protección de los derechos de los ciudadanos”. Probablemente para apoyar a Lesmes y no enturbiar para nada las falsedades que soltaba, en la memoria de 2018 del CGPJ del que es presidente no se hacía ni la más mínima mención de los casi dos años de prisión preventiva que soportó Sandro Rosell antes de ser absuelto por FALTA DE PRUEBAS, una más, aunque muy importante, de las muchísimas barbaridades cometidas por la corrupta Justicia española en 2018.

A continuación la fiscal Segarra empezó con una amenaza al independentismo porque sea cual sea el fallo del juicio de la des-vergüenza debe ser acatado sin la más mínima reacción en contra, y para ello se apoyó en una frase de Descartes “La primera máxima de los ciudadanos debe ser obedecer las leyes de su país” aunque con las barbaridades que dijo encajaba mejor otra frase de Descartes “ Dicen que el mono es tan inteligente que no habla para que no lo hagan trabajar”. Además, ya concluido el acto, tuvo la desfachatez e indecencia de afirmar que si los prisioneros independentistas cumplen condena en las cárceles catalanas tendrán privilegios porque tiene grandes dudas de la imparcialidad de los servicios penitenciarios catalanes, aparte que la Ley establece que deben estar en prisión cerca de su domicilio, es del género de humor negro que una señora que practica la total imparcialidad acuse a nadie de su indecencia, para imponer además un procedimiento contrario a la leyes

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