PALMIRA.

He tardado en escribir esta nota para dar tiempo a calmar mi tremenda indignación por lo que la barbarie prehistórica islámica está haciendo en Palmira.

Cuando estuve en Siria visité las ruinas de la ciudad en dos ocasiones y fue una de las muchas cosas de aquella parte del mundo que me maravillaron y dejaron con la boca abierta.

Como con otras maravillas como las terrazas de Baalbek, la Ciudadela de Alepo o la mezquita de Omayad, antiguo templo cristiano y la más antigua mezquita de Damasco, el Crac des Chevaliers o las norias de Hama, solo por citar algunas, conté con la colaboración de un amigo beirutí pariente de nuestro representante cuya pasión era la historia y la arqueología.

Las ruinas de la ciudad dan una rara sensación de belleza y equilibrio con una calle principal bordeada de columnas que se entrecruza con otras que llevan a los puntos importantes de la ciudad, los templos, el Agora, el teatro, etc.

La visité en dos ocasiones porque la primera fue una visita rápida camino a Alepo desde Damasco, pero el amigo beirutí me sugirió volverla a visitar con más tiempo en otoño y pasando la noche en la ciudad para disfrutar de dos espectáculos, en primer lugar la puesta de sol en la ciudad y para disfrutar del segundo, más impresionante todavía, nos presentamos antes de las 6 de la mañana en el centro de la avenida principal y vimos salir el sol. Si alguien no ha visto salir el sol en el desierto no sabe lo que se pierde. Debido a la ausencia de montañas, elevaciones y obstáculos a los rayos solares, la salida del sol es como una inmensa explosión a cámara lenta, y visto desde el centro de Palmira uno podía seguir con la vista como la luz solar se iba extendiendo por toda la ciudad.

Palmira fue la capital de un imperio pre-romano que llegó a dominar el extremo oeste de lo que hoy llamamos Oriente Medio, y estuvo integrado y aliado con el Imperio Romano hasta que en el siglo III se rebelaron contra el imperio y conquistaron el norte de Egipto, pero los romanos acabaron barriéndolos y se llevaron a su reina Zenobia a Roma donde la hicieron desfilar en la entrada triunfal de Aureliano en la ciudad encadenada con grilletes de oro macizo, aunque la leyenda dice que acabó casándose con un noble romano y creando una importante familia.

Y después de todo esto tenían que venir los trogloditas descerebrados del Islam Radical y empezar a destruir tanta maravilla. Ya no voy a referirme más al Estado Islámico porque es un contrasentido, ya que el verdadero problema es el Islam Radical, llámense sauditas, iraníes, qataríes, Hamas en Gaza, Boko Haram y Al Shabah en Africa empeñados todos aunque sea con estrategias distintas en acabar con todo lo que no sea Islam en el mundo tal como se lo ordena el Corán, porque por si alguien no se había enterado todavía lo que dicen la mayoría de periodistas que lo que hacen estos trogloditas no tiene nada que ver con el Islam es total y absolutamente falso, cometen salvajadas porque es lo que les ordena su religión tomada al pie de la letra, unos matando y destruyendo y otros apoyando y financiando.

Hace muchas décadas que estoy convencido que las alternativas al petróleo ya existen pero el maldito cartel las liquida para que no puedan funcionar, y hace casi el mismo número de décadas que opino que quizás la razón más importante para encontrar urgentemente un sustituto al petróleo es dejar sin ingresos híper-millonarios a todos los musulmanes radicales que nos lo venden, y lo único que saben hacer con sus millones de millones es efectuar operaciones locas que destrozan los mercados mobiliario, inmobiliario, financiero y demás y financiar sin límite a los trogloditas que cometen las salvajadas que cometidas por ellos no quedarían bien, mientras los obreros de su misma religión que trabajan como extranjeros en sus países lo hacen en condiciones de esclavitud, todo ello con el apoyo del mismo cartel que nos impone el maldito petróleo.

Si se detuviese el rio de millones que recibe el Islam Radical se solucionarían muchos de los graves problemas que afectan al mundo y probablemente los refugiados podrían volver a sus casas.

Por cierto, sin salir del mismo tema, en la foto de los progres buenistas que intentaron reventar el concierto de un cantante judío en Castellón, se veía a una jovencita con el uniforme de moda de este verano: shorts súper-mini con las fundas de los bolsillos a la vista y blusa escotada, y pensé que si iba vestida así a pasearse por Gaza con sus grandes amigos palestinos de Hamas se podría dar por satisfecha si solo era apaleada, y mejor que fuese así porque supondría que la habían detenido y un juez coránico había decidido darle algún número de azotes una vez la hubiesen cubierto con el chador reglamentario, porque la alternativa si nadie detenía su paseo era una agresión mortal o el ser violada por al menos un hombre y el juez coránico antes mencionado decidiría un castigo mucho peor que unos azotes porque según sus leyes ella era la responsable de la violación al tentar a los hombres. ¿Cuándo vamos a enterarnos de que el Islam radical es mil veces peor que el nazismo y nos conviene tenerlo cuanto más lejos y más controlado mejor, y tenerlo como socio o amigo para un no musulmán es una forma de suicidio?.

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