LA CAIDA DEL IMPERIO.

No me entra en la cabeza que no haya manifestaciones multitudinarias en todas las ciudades europeas contra la idiotez y continuos errores garrafales de la U.E. y esa especie de caldo de cultivo politiquero que es campo abonado para que en él crezcan chorizos y catastróficos gestores públicos con muy elevados sueldos.

El inmenso error del acuerdo de la U.E. con Turquía para detener el flujo de refugiados no ha tardado ni quince días en romperse del lado turco, tal como cualquier profundo idiota ignorante habría previsto.

Erdogán primero obliga a dimitir a su primer ministro que es quien firmó el acuerdo y ahora, de mala manera, les dice a los tontitos de la U.E. que se va a renegociar el acuerdo, porque aunque le interesan los 6.000 millones de Euros y el derecho de los ciudadanos turcos a circular por la U.E. sin visado, no está dispuesto a modificar las leyes turcas para adaptarse a la normativa europea en temas tan sensibles como la lucha antiterrorista y la libertad de expresión.

Antes de comentar este desplante de Erdogán quiero referirme a la extrañeza de muchos periodistas sobre las malas maneras, duras e insultantes, que Erdogán utiliza con frecuencia, pero con su extrañeza solo demuestran su ignorancia y la bajísima calidad de nuestros periodistas porque en caso contrario sabrían que como islamista radical su ideología le anima y casi ordena que trate a infieles o musulmanes de otra secta, es decir a quienes no piensan como él, como lo que son: perros (perros tratados en la forma que lo hacen los musulmanes, tal como ordena el Corán).

En relación con el acuerdo U.E. – Turquía, mi temor no es que Erdogán esté montando este número para conseguir lo mismo, pero sin comprometerse a modificar la normativa sobre terrorismo y libertad de expresión, porque seguro que ese es su objetivo, sino que los tontitos de la U.E. se lo acepten de una u otra manera.

Erdogán no puede variar la normativa sobre libertad de expresión porque en caso contrario no podrá mandar a la cárcel por una larga temporada a cualquier periodista que le critique, como hace con frecuencia y ha vuelto a hacer esta semana (por denunciar y demostrar por cierto la estrecha relación entre Erdogán y el yihadismo), y por otro lado tampoco puede variar las normas referidas al terrorismo porque necesita tener libertad para atacar como le parezca y sin limitaciones a los Kurdos, precisamente porque, aparte el problema interno turco, son unos excelentes combatientes contra el Estado Islámico. Pero a Erdogán también le interesan los 6.000 millones de Euros y el asunto de los visados para turcos en la U.E., porque la supresión de los visados permitirá a los yihadistas, apoyados por la Turquía de Erdogán, llenar Europa de combatientes con total libertad para circular. Resultado: descomunal error de la U.E. que impide el acceso a Europa de los refugiados por falsas o sumamente exageradas razones de seguridad, entre otras,  y a cambio concede la supresión de visados a un país gobernado por un islamista furibundo.

Por cierto, cada vez que Erdogán demuestra su verdadero carácter, cosa que hace tiempo que practica con frecuencia, pienso en los muchos periodistas españoles que al inicio de su mandato lo calificaban de moderado y criticaban a los que conocíamos el paño musulmán de que está hecho el tipo, y que lo elevaron a los altares de la máxima bondad progresista con ocasión de su apoyo a la innecesaria flotilla a Gaza.

Otra demostración del continuo desastre de la U.E. es su insistencia en el tema de los límites al déficit presupuestario, sin darse cuenta que si España disfruta de un crecimiento del PIB por encima de la media es gracias a que ha incumplido la parte de las medidas imbéciles de la Loca de Berlín que se refieren al déficit, y exigen para los próximos ejercicios una reducción del gasto de varios miles de millones, sin darse cuenta también que aplicar tal corsé a la economía española es el mejor método para conseguir que la escandalosa tasa de paro tarde una eternidad, o dos, en reducirse.

Sin embargo hay algo en que, aunque sea de rebote y sin quererlo, la U.E. tiene razón. El esfuerzo del gobierno central para reformar la Administración Pública ha sido casi nulo, y hay un inmenso y largo camino por recorrer en importantísimas rebajas del gasto público y espectacular mejora de la catastrófica ineficacia de la Administración. Pero los tiros de la U.E. no van por ahí ni, por supuesto, se preocupan de que lo hagan, sino que, como siempre, pretenden que dichas rebajas del gasto público las pague la ciudadanía.

Pero ahí está Jean-Claude Juncker para venir en ayuda de su amigo Rajoy (Dios los cría y ellos se juntan, como los chorizos, en racimo) y posponer la decisión de sancionar a España por el déficit excesivo con nada menos que 2.000 millones de Euros, hasta después de las elecciones del mes de Junio, según la Comisión Europea para no influir en las elecciones y “manejar los tiempos con inteligencia política”. Utilizar la palabra inteligencia para referirse a cualquier asunto de la U.E. es faltar a la verdad de manera estrepitosa, pero es que además en este caso posponer la sanción es influir de manera notable en las elecciones de Junio a favor de Rajoy, a quien la U.E ha llenado de alabanzas por lo bien que ha aplicado las medidas imbéciles, contribuyendo a que los idiotas votantes de Rajoy y el PP se crean primero que las cosas han mejorado horrores y además que todo ha sido obra del inepto Rajoy, a quien ahora le evitan una sanción, para que los idiotas votantes continúen sin enterarse de que hemos salido de la crisis desastrosamente tarde y desastrosamente mal, y encima ha sido solo la ciudadanía de a pie, idiotas votantes incluidos, los únicos que han pagado el coste de las medidas imbéciles.

El mismo hecho de que Jean-Paul Juncker sea el presidente de la Comisión Europea es otro detalle que demuestra la decadencia y el absurdo que impera en la U.E.. Antes de su nombramiento y cuando el Sr. Juncker era Primer Ministro de Luxemburgo hizo una oferta secreta a una larga lista de multinacionales para que domiciliasen sus beneficios en Luxemburgo donde el impresentable Juncker les aplicaba un impuesto ridículo, pero más que suficiente para llenar a tope las arcas del Gran Ducado. Es decir, les robo los impuestos de la larga lista de multinacionales a sus “socios” de la U.E., en más de un ejercicio fiscal y además lo hizo de manera oculta, y a pesar de que cuando fue propuesto para la Comisión Europea ya se conocían los detalles de la feísima jugada del Sr. Jean-Paul, fue nombrado presidente de la más importante y poderosa institución de gobierno de la U.E., la Comisión Europea. Por eso cuando la caverna mediática propagó a los cuatro vientos y con los insultos y comentarios de rigor que el Sr. Juncker no había querido recibir a Puigdemont, yo me alegré, no vaya a ser que el ser chorizo sea contagioso.

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