PRESIDENTE PATÉTICO (PP).

La segunda comparecencia de Jordi Pujol y familia en la comisión contra el fraude del Parlament ha sido incluso peor que la primera aunque sin bronca.

Desde el punto de vista de la eficacia tampoco ha servido de nada. Jordi Pujol actuó casi exactamente igual que en su comparecencia en septiembre solo que esta vez no perdió los estribos. Doña Marta Ferrusola actuó como era de esperar llegando al extremo de decir que no tienen ni un duro y que todo es, como siempre, un complot contra Catalunya, y Jordi Pujol Ferrusola haciendo alarde del tiempo extra que el desastre de Justicia de este país da siempre a los pocos corruptos que pillan para que puedan rehacer su documentación, decidió que la mejor defensa es un buen ataque, inundó a la comisión con papeles, pero tampoco aclaró nada de nada.

De todo este numerito de comisión me quedo solo con el comentario que hizo ya en el mes de septiembre el notario Lopez Burniol en el programa de Josep Cuní, y repitió unos días después en su artículo en La Vanguardia: en los países serios no puede constituirse ninguna comisión de investigación parlamentaria mientras un asunto esté sub júdice, es decir, hasta que el juez haya emitido su fallo, para evitar que el juicio mediático que la comisión provoca pueda interferir en el proceso judicial, aunque también advertía que en dichos países los procedimientos se concluyen en bastantes menos años que en este. En los países serios, claro.

Creo que los Pujol se equivocaron, tenían que haber callado o haber contestado con evasivas claras y rotundas, y de esta forma el escandaloso numerito habría sido más suave y más breve, y de paso nos habrían ahorrado al menos parte del espantoso ridículo de los interrogadores. ¿Cómo se puede acudir a una comparecencia como esta, y como otras, sin la más mínima preparación, y ser solo capaces de hacer preguntas simples, previsibles y que de antemano se sabía que, aparte provocar tensión y bronca, no iban a aclarar nada de nada?. La palma se la llevó el Sr. Santi Rodríguez del PP, al que en cualquier caso hemos de agradecer que con su presencia nos ahorrase tener que escuchar a Sanchez Camacho una vez más, que fue muy agresivo con sus inútiles preguntas, hasta que Jordi Pujol Ferrusola entregó a la mesa un DV con la versión íntegra de la grabación de la conversación entre la Camacho y Victoria Alvarez, su ex-amiga, en el Restaurante La Camarga, y a partir de aquel momento la fogosidad del Sr. Rodríguez bajó muchos enteros y solo le faltó un poco para llegar a la alabanza del personaje. Pero todo cambió al día siguiente martes 24 cuando, probablemente después de recibir instrucciones de la Camacho, dijo que el PP pedirá la dimisión de David Fernández como presidente de la comisión por haberse dedicado a defender a los Pujol, exigió que en ningún caso se hiciese público el contenido del DV de La Camarga, recordó que por decisión judicial no puede publicarse nada de dicha grabación, aunque hace mucho tiempo que está disponible en Internet, y acusó a David Fernández de ser un simple peón de CDC para ridiculizar a Camacho, cuando esta se basta y sobra ella solita para hacer el mayor de los ridículos.

Curiosamente, el mismo martes 24 mientras Santi Rodríguez en nombre del PP exigía prácticamente al Parlament la destrucción de la grabación de La Camarga, en el Parlamento en Madrid, y en el debate sobre el estado de la nación, Rajoy, entre muchas otras cosas, hacía alarde de la mayor de las transparencias posibles del único partido transparente, honesto y eficaz de España, que con su extraordinaria labor ha solucionado sobradísimamente y absolutamente todos los problemas del país, incluidos el de la sequia y el de los mosquitos en verano.

En el debate, demostrando una vez más que si se esconde es porque está muy por debajo del nivel que debería tener un Presidente del gobierno, y actuando como quien ha perdido totalmente los papeles, Rajoy le espetó a Pedro Sanchez “No vuelva usted aquí a hacer y a decir nada. Ha sido patético”, algo tan rastrero que ningún Presidente debería soltar en ninguna circunstancia, y menos todavía en el Parlamento, entre otras cosas porque demuestra un concepto de la política tan totalitario como el de Francisco Franco, y más todavía cuando si alguien fue patético, y mucho, fue él. Patético porque hizo una descripción de la situación del país que se ha de ser profundamente idiota para creérsela, patético cuando adjudicó a la gestión de su gobierno de forma total y exclusiva la mejora de la economía del país, patético al advertirnos que la única alternativa es él o el desastre, patético al describir una herencia recibida absolutamente de risa, poco menos que con el país en la ruina total y hundiéndose en el Mediterráneo, patético al evitar cualquier mención propia o ajena a la corrupción, patético prometiendo tres millones de empleos, patético anunciando una serie de medidas que ¡¡Oh casualidad!!, se le han ocurrido ahora, cuando se acercan las elecciones, que no solo incluyen medidas rechazadas en su día por su propio gobierno, como la dación en pago propuesta por la PAH, y que si llega a establecerse seguro que Rajoy se la apuntará después de negarse a aplicarla cuando más falta hacía, que además muchas llegan tarde, como la que limita las indemnizaciones a altos ejecutivos de la banca a dos anualidades completas, que está muy bien, aunque hay métodos más eficaces de evitar dichas estafas por la vía fiscal, pero que, habiendo tenido todo el tiempo del mundo y el poder legislativo para evitarlo, permitieron que un montón de chorizos se hayan ido a su casa más que forrados con dinero de todos, después de hundir sus bancos y casi el sistema financiero. Patético también cuando Duran Lleida le acusó de no haber hecho lo más mínimo para construir en Catalunya una alternativa creíble y atractiva al independentismo, y él contestó con un corto discurso por el que en los años 40 Franco le habría felicitado efusivamente. Pedro Sanchez no tuvo una actuación particularmente brillante, pero si alguien fue definitivamente patético fue Mariano Rajoy.

Lo peor del debate fue la clara constatación de que la mayoría de nuestros políticos no están en el Parlamento para intentar hacer lo mejor para el país, que la verdad solo les interesa para tergiversarla, manipularla y modificarla a voluntad, que las cifras son relativas, que se puede jugar con ellas e ignorar las que no interesan y si hace falta se sustituyen por las que interesan, y que su principal labor parlamentaria es pegarse bofetadas unos a otros. Curiosamente el día anterior al debate La Vanguardia publicó un artículo que adjunto de Antoni Puigverd que parece un manual de instrucciones para escuchar el debate.

La traca final del debate fue el bochornoso espectáculo dado por la calamitosa Celia Villalobos, que ejercía de Presidenta de la Cámara y se entretenía con un juego de ordenador en una tableta mientras Rajoy y los demás soltaban sus discursos. A los ciudadanos de este país nos debería caer la cara de vergüenza porque gracias a nuestros votos y nuestro silencio un funesto personaje como este, que desde que fue ministra no ha dejado de hacer y decir barbaridades, es vicepresidenta de la Cámara y ocasionalmente la tiene que presidir, montando numeritos cada vez que lo hace.

LVGPUIGVPOL

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